Nómadak Adsis

Aquí os dejamos este vídeo de presentación de Nómadas Adsis de Gipúzkoa. En el podéis ver las actividades que realizamos y nuestras últimas inquietudes.

 

Escuela de Tiempo Libre y Dinamización Sociocomunitaria, en la EDE

La fundación EDE (Escuela Diocesana de Educadores), impartirá nuevamente este curso, los títulos de Monitorado en Tiempo Libre, Dirección de Tiempo Libre y Diploma de Dinamización Social. EDE es una entidad “que pretende construir una sociedad más justa y solidaria a través de la potenciación de la acción social, cultural y educativa, desarrollando programas formativos, servicios de promoción y apoyo a entidades” y cuenta con el reconocimiento oficial del departamento de Cultura de la Diputación Foral de Bizkaia,

El Título de Monitor o Monitora de Tiempo Libre Infantil y Juvenil, está dirigido a personas mayores de 18 años interesadas en el tiempo libre educativo y goza del reconocimiento oficial por el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, según el decreto 419/1994.
El Título de Director o Directora de Tiempo Libre Infantil y Juvenil, va destinado a mayores de 21 años con titulación de monitor o monitora, que dirijan un programa de intervención socioeducativa o que participen en un equipo de monitoras y monitores en cualquier ámbito de la educación en el tiempo libre. Para matricularse en el curso es necesaria una entrevista previa. El título goza del reconocimiento oficial por el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, según el decreto 419/1994.
En cuanto al Diploma de dinamización social, también está reconocido oficialmente por el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, según la orden del 12 de junio de 1998.

Recordando el Cottolengo

Sitúate en medio de la gran vía Barcelonesa, ¿Qué ves? Gente corriendo en direcciones opuestas, un murmullo incesante, el tráfico, mil y un colores diferentes haciendo que te enamores de la ciudad. Te mueves. Se divisan las torres de la sagrada familia a lo lejos. Te giras. Percibes la tranquilidad del mar. Levantas la vista.  Las nubes se mueven en su curso natural. Te dispones a bajar la vista cuando a lo lejos, en una de las colinas, ves un cartel. La curiosidad te puede y enfocas la vista para leerlo. Ves que, con letras simples de color azul, el cartel te da la bienvenida a Cottolengo del Padre Alegre.

Lo que jamás imaginas es que dentro de ese edificio se encuentra un mundo totalmente alejado al tuyo, un mundo donde la generosidad impera y el cariño se siente en todas las esquinas. Dentro, religiosas de la Congregación de Servidoras de Jesús del Cottolengo junto con voluntarios y enfermos forman una familia poco común pero inigualable.

Al salir el sol, las religiosas se disponen para comenzar el día. La rutina, que ya está grabada en la memoria de todas, comienza. En medio de esta rutina los voluntarios de la ciudad aparecen y desaparecen por momentos, todos aportan su granito de arena haciendo que esto forme parte de su vida. En alguna ocasión, los que aparecen por allí son grupos de voluntarios. Venidos de diversos lugares del mundo, estos se sumergen en la vida del Cottolengo por unos días que no les dejaran indiferentes. Este fue nuestro caso.

Una mañana de julio como cualquier otra, llegamos a la puerta blanca del Cottolengo. Nerviosos, hicimos el recorrido que repetiríamos durante cinco días. Sin saber muy bien a que nos disponíamos, nos dividimos en grupos y cada uno comenzó con su labor. Subiendo por las plantas de la residencia nos encontramos con los primeros enfermos, el primer contacto fue realmente impactante. Descubrimos una realidad que hasta el momento no habíamos siquiera imaginado. Para cuando cada grupo llegó a su lugar de trabajo, ya era la hora de la comida y la primera tarea consistió en dar de comer a esos pacientes que tan descolocados nos habían dejado.

Observándolo ya desde la distancia, vemos todo lo que esos cinco días nos aportaron. Hemos aprendido a apartar los prejuicios. A ver lo bello que hay dentro de cada persona. A dejar que lleguen a nuestro corazón. A que muchas veces las palabras no importan sino lo que trasmitimos con nuestros gestos.

En el comedor, los olores se mezclaban con los ruidos de las sillas y una melodía que nunca olvidaremos. Con manos temblorosas y sintiéndonos totalmente fuera de lugar conseguimos llevar a cabo lo que debíamos hacer. Cuando terminamos y nos reunimos entre nosotros el sentimiento era común, todos estábamos completamente perdidos y abrumados. Todos compartíamos el mismo miedo, el de no saber tratar con aquellos enfermos que padecían discapacidades muy complejas y delicadas. Pero para nuestra sorpresa, conforme iban pasando las comidas y las cenas pusimos cara, nombre e historia a los pacientes, comenzamos a sentirnos menos temerosos y a acercarnos más a ellos. Aunque para ser honestos, fueron ellos los que se acercaron a nosotros. Fueron ellos los que nos trataron como amigos/iguales. Fueron ellos los que nos hicieron sentir que estábamos en casa.

Cuando pasábamos con nuestras batas blancas por los pasillos llevando el carrito de la comida, alguna se nos enganchaba por detrás o nos pisaba con su silla de ruedas mientras se reía pícaramente. Estos momentos son los que nos hicieron sentir en familia y serán los que por siempre se guardarán en nuestra memoria.

Poco a poco fuimos deshaciéndonos de ese miedo inicial y llegó el momento en el que comenzamos a dar lo mejor de nosotros. Sin el temor que nos frenaba nos lanzamos de lleno en las relaciones que estábamos tejiendo y nos dejamos invadir por las sensaciones que nos trasmitían las personas del Cottolengo. Viendo así las cosas, diariamente esperábamos deseosos el momento de volver allí para poder reír junto a ellos.

Con todas las emociones que estábamos sintiendo en aquellos momentos, no nos dimos cuenta de que el final de esta experiencia se acercaba. El último día nos pilló casi por sorpresa. Como siempre, intentamos dar lo mejor que teníamos pero por dentro sentíamos un vacío cada vez mayor. Vimos pasar las horas rápidamente hasta que llego el momento de decir “hasta luego”. Como todas las despedidas, esta también fue amarga y no pudimos evitar dejar caer alguna lágrima.

Observándolo ya desde la distancia, vemos todo lo que esos cinco días nos aportaron. Hemos aprendido a apartar los prejuicios. A ver lo bello que hay dentro de cada persona. A dejar que lleguen a nuestro corazón. A que muchas veces las palabras no importan sino lo que trasmitimos con nuestros gestos.

Por todo esto, agradecemos la oportunidad que se nos ha brindado y a todas las personas que han hecho que esta experiencia sea única.

Uxue Díez Guiral

 

Fotogalería. Encuentro de navidad con jóvenes en Gipuzkoa, programa Nomadak, ECI y Lasarte.

 

Nomadak: pokito a poko entendiendo…

Andaba perdida de camino pa la casa

Cavilando en lo que soy y en lo que siento
Pokito a poko entendiendo
Que no vale la pena andar por andar
Que´s mejor caminar para ir creciendo

Volveré a encontrarme con vosotros
Volveré a sonreír en la mañana
Volveré con lagrima en los ojo
Mirar al cielo y dar las gracias

Pokito a poko entendiendo
Que no vale la pena andar por andar
Que es mejo caminar para ir creciendo
Pokito a poko entendiendo
Que no vale la pena andar por andar
Que es mejo caminar para ir creciendo

Mirarme dentro y comprender

Que tus ojos son mis ojos
Que tú piel es mi piel

En tú oido me alborozo
En tú sonrisa me baño
Y soy parte de tú ser
Que no vale la pena andar por andar
Es mejo caminar pa ir creciendo.

Pokito a poko entendiendo
Que no vale la pena andar por andar
Que es mejo camina para ir creciendo
Pokito a poko entendiendo
Que no vale la pena andar por andar
Que es mejo camina pa ir creciendo

Volveré a sentarme con los mió
Volveré a compartir mi alegría
Volveré pa contarte que he soñado
Colores nuevos y días claros
Volveré pa contarte que he soñao
Colores nuevos y días claros

Recordando sueños de la Navidad

Queridos Reyes Magos:

Perdonar que haya tardado tanto en volver a escribiros, recuerdo que hace tiempo que perdí la fe en vosotros, desde aquel año que os pedí, por tercer año consecutivo, aquel videojuego que tanto quería. No me lo tengáis en cuenta, por favor, en aquel entonces era pequeña y no me daba cuenta de lo egoísta de mi deseo. Desde entonces he crecido, he madurado por todas las cosas que me han ido sucediendo.

Este año he querido volver a escribiros, volver a tener aquella fe ciega en vosotros. Si fuese la misma niña egoísta que solo pedía regalos caros para ella os pediría un portátil nuevo, pero como os digo he cambiado, he madura, y es por ello que esta vez quiero pediros algo un poco más complicado, uno de vuestros milagros navideños, bueno, dos en realidad.

El primero que quiero pediros es un poco egoísta. No, no os confundáis, no es para mí, pero sí me afecta en parte. Como sabréis tengo una amiga que está pasando por una depresión, no sonríe, no se valora y cree que a nadie le importa. Me gustaría pediros que por estas Navidades le traigáis un par de risas, que consigáis que vuelva a sonreír como no ha hecho en todo este tiempo. Y os lo pido no solo para ella, sino para toda la gente que, como ella, se halla en depresión.

El segundo es un poco más complicado, me gustaría pediros que intentéis hacer a la gente menos violenta. Ya conocéis mi historia, solo quiero pediros que no dejéis que nadie más pase por un estado de maltrato, sea del tipo que sea, que no dejéis que nadie más sufra por esto.

Sé que sois los únicos que podéis concederme estos milagros navideños, los únicos que podéis lograr que el mundo sea mejor de un día para otro, por eso os confío esto a vosotros. Pero también sé que es algo demasiado complicado lo que os pido, por eso, quiero pediros que dejéis que la gente os ayude con esta difícil empresa.

Yo misma colaboro en un grupo de voluntariado, y que poco a poco hace un poco más feliz a la gente y aporta su granito de arena. Pero ni siquiera nosotros solos podemos, por eso sé lo complicado de lo que os pido. Y es, también, por ello, que me gustaría pediros que dejéis que el mensaje de esta carta llegue a manos de otras personas, para que entre todos podamos ayudaros a cumplirlo, y a hacer del mundo un lugar un poquito mejor.

Con mis mejores deseos para que estas navidades el trabajo os sea leve.

me gustaría pediros que dejéis que el mensaje de esta carta llegue a manos de otras personas, para que entre todos podamos ayudaros a cumplirlo, y a hacer del mundo un lugar un poquito mejor.

Queridos Reyes Magos:

Hace ya tiempo que crecí, que crecimos, que el mundo crece al mismo ritmo y con él y con nosotros también, crecen los problemas personales y sociales: como perder personas, perder oportunidades o perder el norte de nuestra vida, pero ojalá  y nunca perdamos la conciencia de clase.

Yo no os puedo pedir un mundo mejor porque eso está en manos de cada persona, lo que sí os pido es no perder nunca esas ganas de ayudar, de que todo vaya mejor en esta sociedad, y para ello os pido también a más gente con conciencia y que mire más allá de su ombligo, que abra los ojos y que vea que después de su propio horizonte las cosas no están tan bien como uno cree. Porque una persona sola no puede cambiar el mundo, pero con un granito que aporte cada persona, sí.

Porque una persona sola no puede cambiar el mundo, pero con un granito que aporte cada persona, sí