Campo de Mogosesti

He pensado mucho cómo comenzar esta historia, cómo se relata todo lo que ha sucedido durante las dos semanas del campo de Mogosesti y cómo expresar en palabras todo lo que he descubierto de mí y en las demás personas de mi alrededor en todo este tiempo.

Si te pones y analizas las cosas, ¡es sencillo!. Descubres por facebook un grupo majo que organiza actividades en el tiempo de verano con niños; sigues las actividades, te fascina, te empapa del deseo de hacer algo productivo para ti y para los demás, en un verano que parece un tiempo ocupado solamente por el aburrimiento y ¡te decides a inscribirte!

Eres uno de los voluntarios, vas a la primera reunión de presentación de la asociación y si has participado en actividades parecidas, te parece que no hay nada diferente de lo que has hecho hasta ahora, pero llega el momento en el que empiezas de verdad las actividades y todo se desarrolla diferente ante tus ojos. Todo lo que he escrito hasta ahora me ha sucedido el pasado verano…

    Cuando he llegado al campo, todo ha comenzado con cautela en las palabras y los gestos manifestados por cada uno de nosotros. Me he sentido tímida y creyendo que en dos semanas no conseguiría crear ninguna relación de amistad con nadie, nada más allá del trabajo conjunto con los niños. Pero el segundo día ha sido totalmente sorprendente. Después de las actividades de la mañana con los más pequeños, han seguido las dinámicas. No tenía claro antes del campo qué significaba una dinámica y qué influencia tan fuerte tiene sobre los pensamientos de una persona. La idea principal de cada dinámica era el meditar sobre la propia persona, analizarla desde todos los puntos de vista: el deseo, los sentimientos, las frustraciones, logros,… Después seguíamos

    compartiendo en el grupo pequeño de discusión todo lo que habíamos meditado. No había hecho esto en ninguna actividad de grupo anteriormente, ni había sido un tipo de persona que compartiera con otros sus sentimientos, me he sorprendido a mí misma y he creado una estrecha relación con las personas que estaban junto a mi basada en el respeto y la confianza.

    En cuanto al trabajo diario con los niños, era de hecho para mí una nueva experiencia. No había trabajado hasta entonces con un grupo de niños y era bastante reacia a ello, pero la energía y el entusiasmo que les inunda el cuerpo y el espíritu han hecho que al final del campo los quisiera y los apreciara.

    Muy productiva me ha parecido la idea de repartirnos las responsabilidades de la casa por grupos. Ello nos ha unido mucho más, hemos creado día a día un medio agradable para cada uno de nosotros y hemos aprendido a asumir las responsabilidades.

    Una última cosa que me ha fascinado en estas dos semanas ha sido el modo en el que hemos mezclado las actividades específicas de un campo Adsis con juegos para divertirnos cada noche, siendo el mejor modo para olvidar el cansancio y el hecho de que teníamos que dormir.

    El final de esta historia no podía ser otro que uno lleno de espíritu positivo y de fragmentos pasados. Con todo lo que llevo a las espaldas en esta historia del voluntariado y lo que significa una ONG, he descubierto en las personas de adsis y en el contenido de esta asociación cosas totalmente distintas de todo lo que he vivido y hecho hasta ahora. Digo esto porque las cosas se han ligado en un modo armonioso muy rápidamente tanto en lo que se refiere a los voluntarios, que aprecio con toda mi alma, como a las responsabilidades que teníamos. Había esperado en mi inconsciente que este grupo entrara en mi vida ya desde el año pasado y las personas que he encontrado y las actividades realizadas hacen que hoy pueda llamarles: “mi segunda familia”.
     
    Alexandra Muscalu