Comprometerse con la política en Perú

Comprometerse en la política hoy en día en nuestro país es muy difícil porque la política es considerada una actividad de corruptos, oportunistas y personas preocupadas solo por sus propios intereses; ni siquiera por los de sus partidos, ya que el sistema de elección (voto preferencial) los ha debilitado.

Pero también la sociedad ha cambiado, y ya no es tan fácil representar a una sociedad mucho más compleja. Por otra parte, la presencia de los medios de comunicación en muchos casos sustituye la acción política, y los debates que antes eran animados por los dirigentes políticos ahora son conducidos desde la radio o la televisión. Por todo eso la gente siente una gran lejanía de la política y de los políticos, e incluso los considera prescindibles.

Sin embargo, los laicos y laicas cristianos sabemos que ésta no es una razón para abandonar el compromiso político. Así nos lo dice la doctrina de la Iglesia: “…los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la ‘política’; es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural destinada a  promover orgánica e institucionalmente el bien común” (Exhortación del Papa Juan Pablo II: Los fieles laicos, 1988).

Y nos lo repite la Conferencia de los obispos de América Latina en Aparecida: “Su misión propia y específica (de los laicos) se realiza en el mundo, de tal modo que con su testimonio y su actividad contribuyan a la transformación de las realidades y la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio… Además, tienen el deber de hacer creíble la fe que profesan mostrando autenticidad y coherencia en su conducta.” (Aparecida 210).

Esa participación en la política puede darse de diversas maneras, según las vocaciones personales, ya que la política se entiende en dos niveles: en un sentido amplio y en otro más concreto.

En sentido amplio de trabajo por la justicia, la política puede ejercerse desde muy diversos ámbitos, sean éstos profesionales o culturales, e incluso la Iglesia está llamada a este tipo de participación política,  porque la evangelización no puede separarse de la promoción humana o liberación. Ya lo dijo Pablo VI en su Encíclica Evangelii Nuntiandi, 30 y 31, y lo repite Aparecida: “Esta es la tarea esencial de la evangelización, que incluye la opción preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana” (A 146). La Iglesia no puede encerrarse en la sacristía. La opción preferencial por los pobres es un criterio central en este compromiso por el bien común. Es desde ellos que como cristianos miramos la realidad, ya que ellos son los preferidos de Dios y los que sufren todo tipo de carencias ante las que no podemos cerrar nuestro corazón, como repite el Papa Francisco.

Todos somos responsables de construir una sociedad justa, cambiando la realidad existente, las estructuras injustas  que generan tanto sufrimiento, y no sólo (pero también) socorriendo a los pobres en sus necesidades urgentes:Ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida, nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano. El amor de misericordia para con todos los que ven vulnerada su vida en cualquiera de sus dimensiones, como bien nos muestra el Señor en todos sus gestos de misericordia, requiere que socorramos las necesidades urgentes, al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos o instituciones para organizar estructuras más justas en los órdenes nacionales e internacionales” (A 398).

En sentido estricto, la política es participar en partidos políticos que buscan llegar al poder democráticamente para transformar la sociedad. Es muy importante que haya laicos y laicas que asuman esta responsabilidad específicamente política. Como lo dijo el Papa Benedicto XVI en su discurso inaugural en Aparecida y lo recoge el documento final: “Queremos llamar al sentido de responsabilidad de los laicos para que estén presentes en la vida pública, y más en concreto “en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias” [DI 4].

Aunque el impulso de cambio social viene de muchos ámbitos de la sociedad, y no es monopolio de los políticos, éstos sí tienen una tarea de representar posiciones políticas, de buscar consensos  y de ejercer la tarea de gobierno al servicio del bien común, es decir, de la justicia. Sin una articulación política los esfuerzos múltiples y creativos desde la sociedad civil permanecen dispersos y no logran incidir suficientemente en las decisiones sobre el rumbo del país.

Es desde el gobierno que todos esos esfuerzos pueden tener una eficacia mayor en la mejora de la vida de la población. El buen gobierno, el buen uso del poder, es el primer desafío para las y los políticos, y supone preparación, recoger las aspiraciones de la sociedad, tener capacidad de proponer soluciones y de llegar a consensos que hagan posible ponerlas en práctica.

El otro gran desafío es superar la corrupción, y aquí hay un campo que exige el testimonio de los cristianos, sin que por ello nos creamos los dueños de la ética, pues no es así. Como dice Aparecida; “Pensemos cuán necesaria es la integridad moral en los políticos. Muchos de los países latinoamericanos y caribeños, pero también en otros continentes, viven en la miseria por problemas endémicos de corrupción. Cuánta disciplina de integridad moral necesitamos, entendiendo por ella, en el sentido cristiano, el autodominio para hacer el bien, para ser servidor de la verdad y del desarrollo de nuestras tareas sin dejarnos corromper por favores, intereses y ventajas. Se necesita mucha fuerza y mucha perseverancia para conservar la honestidad que debe surgir de una nueva educación que rompa el círculo vicioso de la corrupción imperante”. (Aparecida 507).

Son estos desafíos los que me llevan a participar en un colectivo político que tiene a su cargo en este momento el gobierno de la Municipalidad Metropolitana de Lima, donde se trata de ponerlos en práctica. 

Cecilia Tovar:  Responsable del  equipo: Iglesia y Sociedad del Instituto Bartolomé de las Casas 

 

 

Ss@le

El ss@le es un encuentro donde los jóvenes voluntarios repartidos por toda la península ibérica se reúnen para compartir las experiencias obtenidas a raíz de las actividades de voluntariado que se realizan en los respectivos campos de trabajo de cada grupo. Es un momento donde los jóvenes voluntarios podemos conocer a otros voluntarios y compartir nuestras aventuras, anécdotas, etc. 

Este ss@le tuvo lugar en Cubras de la Sagra. La temática era la pantalla grande, es decir, el cine. Cada persona debía elegir un personaje de película con el que se sintiera identificado y exponer su mayor virtud.

El primer día, la bienvenida fue muy cariñosa y de ahí pasamos a una presentación de nuestros personajes, una vez hecho esto se nos asignaba un grupo que llevaba por nombre una película muy conocida y ese sería el grupo de colaboración en las distintas labores de la casa y, también servía para conocer a las demás integrantes de grupo, de esta manera se podía profundizar en un plano más cercano al ser 6 o 7 integrantes porque, al ser pocos se hacía más fácil para todos abrirse a los demás.

El segundo día, realizamos una reflexión sobre “20 segundos de valor” en nuestras vidas, es decir, momentos de corajes que hemos tenido que han cambiado nuestra vida ya sea, radicalmente o que nos llevase a tomar un camino distinto hacia la mejoría. También realizamos en un pequeño rollo de  papel la película de nuestra vida con el objetivo de explicar el motivo por el que llegamos a ser voluntarios y, cómo hemos llegado al ss@le. Otra actividad fue escribir en una lista 20 personas reflejando las bases de nuestra vida diaria, es decir, en quien nos apoyamos mostrándolas como nuestras personas imprescindibles. Otro ejercicio acompañado de música se hizo un pequeño juego en el que se bailaba y cuando la música paraba, se tenían que hacer pareja, mirar fijamente y escribir una característica de este. Se llevó a cabo una velada por el grupo PAC’S que trataba de una ginkana donde ponían a prueba nuestras diversas aptitudes de trabajo en equipo, valor, percepción, interpretación, etc. en las distintas pruebas pensadas por el mencionado grupo anteriormente.

El tercer día, por un lado nos propusieron crear nuestra propia casa como símbolo de nuestra vida, “no tiene que ser grande ni tampoco la más bonita pero, tiene que ser nuestra casa” como lema de la actividad. Cada parte de la casa reflejaba algo personal de esta manera, el suelo muestran  los valores de nuestra vida en los que nos basamos, las ventanas y puertas la manera de mostrarnos a las demás personas, el techo nuestras aspiraciones, ilusiones y sueños y por último, las paredes como medio a dar a conocer nuestras experiencias que nos han hecho ser quienes somos hoy. Por otro lado, el grupo Ostarte (al cual pertenezco) pensó en otra actividad la cual fue una ginkana, en esta los participantes deberían superar distintas pruebas y desarrollar diversas características de grupo como, la comunicación, trabajo en equipo, mímica, etc. con una prueba final donde los grupos deberían improvisar una coreografía con música al azar. Este mismo día se dio la entrega de los premios a las mejores actuaciones con diversas categorías tales como, al más participativo, el mejor video, mejor foto, el más animal, el mejor baile, etc.

Cada día que disfrutamos en el
ss@le también se daba un tiempo para reconciliarnos con Dios, ese momento se lo dedicábamos a El mediante una pequeña oración donde realizábamos pequeñas actividades para fomentar nuestra fe y el desarrollo de nuestra confianza en nosotros mismos.

En el  ss@le hemos compartido numerosas actividades donde hemos desarrollado un poco mas de confianza, nuestra percepción, trabajo en equipo, nuestro yo interior, mundos interiores y haciendo reflexiones sobre nuestras vidas y los que nos rodean. Es un momento muy bonito en el que nos damos un respiro para conocernos a nosotros mismos y a los demás integrantes de nuestra gran familia. Es una experiencia que cambia el modo de ver el voluntariado de manera que se pasa de una visión de trabajo a una visión de ayudar a los demás mientras nos divertimos y conocemos personas nuevas que, con el tiempo, pasan a ser integrantes de las “20 personas de la lista” mencionada anteriormente.

También es un encuentro donde tus temores, prisas, mundo exterior, etc. quedan aislados y solo estamos nosotros compartiendo aventuras codo con codo de manera que creamos lazos y vínculos sólidos y que de esta manera, “recargamos pilas” para seguir con nuestros voluntariados y, esperemos que poco a poco  cambiemos el mundo porque nosotros somos “más entre los que menos tienen”.
Mauricio Martinez Perez (Morris)

 

¿En qué creen los jóvenes que creen?

Una buena pregunta para abrir las Jornadas de Pastoral Juvenil Vocacional de la CONFER 2013. Vamos percibiendo cambios en la manera de vivir y comprender la fe de los jóvenes que son reflejo de la sociedad y la cultura que nos toca vivir, y que constituyen, en sí mismos, signos de los tiempos que tenemos la tarea de acoger e interpretar.

 

Una primera constatación es que el hecho de que una joven o un joven crea en Jesús no quiere decir necesariamente que crea otras cosas que tradicionalmente en nuestra cultura católica asociamos a la fe cristiana, y que se refieren a cuáles son las maneras correctas de hacer las cosas (grandes y pequeñas), a qué rutinas vivir en la vida cotidiana o a qué cosas priorizar en nuestra vida y en nuestro día a día. En esas cosas, los y las jóvenes que creen en Jesús (verdadera y auténticamente), se acercan bastante más a sus contemporáneos no creyentes que a creyentes de otras generaciones.

Hecha esta constatación, cabe preguntarnos si la Iglesia hoy y nuestras organizaciones eclesiales en particular estamos siendo capaces de relativizar creencias y modos de hacer que constituyen un verdadero filtro que deja fuera a jóvenes no por su experiencia o no de Jesús, sino por su capacidad de conformarse con otras creencias culturales que les son ajenas. Y si no, deberíamos buscar modos de solucionarlo.

Porque, si creemos de verdad en la novedad radical y permanente del Evangelio de Jesús y en la revelación progresiva de Dios por obra de Espíritu en la historia, hemos de acoger la maravilla de que aún no se ha inventado la manera  de vivir el seguimiento de Jesús entrado el siglo XXI, y que los y las jóvenes creyentes están llamados a romper los moldes en los que nosotros tendemos a encerrar al Dios que viene, cada día, a habitar entre nosotros.

 Cristina Menéndez

Reflexión

hemos de acoger la maravilla de que aún no se ha inventado la manera de vivir el seguimiento de Jesús entrado el siglo XXI

El cambio más grande de mi vida.

Hablo en nombre de todos los que estuvimos, cuando digo que esta experiencia fue la causante de que nuestras vidas y nuestra forma de pensar diera un giro de 180º. Llegamos a Logroño y no sabíamos ni donde nos instalábamos. Una vez allí, lo primero que hicimos fue ir a cenar al comedor social, donde estábamos algo nerviosos porque no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar allí. Para nuestra grata sorpresa, fuimos  bien recibidos  y junto con los usuarios del comedor, intercambiamos opiniones  historias y un sinfín de chistes, bromas y demás. Enseguida nos  integraron  y nos sentíamos como uno más de aquella gran familia donde todos compartíamos todo y nadie era más que nadie. La semana se nos  pasó volando. Íbamos a “Chavicar”, un centro ocupacional  donde se trataban temas de chapa, vidrio, cartón, juguetes y ropa. Entre risas y duro trabajo, nos dimos cuenta de lo difícil que es llegar a no tener nada en esta vida y que “Chavicar” sea tu única alternativa de poder formarte o ejercer de algo. Allí descubrimos las tristes historias de muchos  de los usuarios  y nos sentimos identificados con ellos, conectamos muy bien con cada uno de ellos. Otra de nuestras actividades fue el taller ocupacional, que consistía en montar unos tornillos; en este lugar la gente estaba menos formada, pero de igual modo  fuimos bien  recibidos. De la misma  forma que conectamos con los usuarios de los  centros, también lo hicimos interiormente conociéndonos a nosotros mismos  y conectando con nuestro interior al igual  que con nuestros  compañeros. De esta experiencia, solo  puedo decir que mil gracias a todos que hacéis posible que experiencias como estas se lleven a cabo. Gracias de verdad. Este ha  sido, sin duda, “Mi viaje más increíble”.  Patri López Otero 

Este ha sido sin duda...

Mi viaje más increíble.

Chavicar y Cocina Económica

En ocasiones la gente nos pregunta que por qué decimos ser voluntarios, por qué nos gusta compartir nuestro tiempo con la gente que lo necesita o por qué cambiamos unas vacaciones con los amigos por irnos a lugares en los cuales hay gente enferma, sin hogar, o simplemente en unas condiciones peores de las cuales nosotros nos encontramos… en definitiva, personas que por diversas razones han encaminado sus vidas de una manera distinta a la que realmente les gustaría.

El motivo es sencillo, no nos gusta que la basura de algunos sea el tesoro de otros, no nos gusta que existan pobres y ricos… no nos gustan las diferencias y no nos gusta discriminar. Por ello luchamos. Somos personas que consideramos que con granitos de arena se puede crear un montón, que con cada aportación, por muy mínima que sea, se consigue avanzar. Nos gusta luchar en contra de las injusticias sociales, nos gustaría terminar con ellas. Por ello aportamos nuestro granito de arena, para que exista una igualdad respetando las diferencias, ya que las diferencias son las que realmente hacen que cada persona sea única. Aportamos nuestro granito de arena para que esta utopía se haga realidad. Por ello y para ello, somos voluntarios.

Por todo esto, este año nuestro granito de arena se ha basado en un campo de trabajo en Logroño. Allí convivimos una semana con gente que se encontraba en una situación de exclusión social.

¿Qué hacíamos?

Estuvimos en dos sitios diferentes: Chavicar y Cocina económica. Chavicar es un pabellón de reciclaje, en el cual hay unos pocos trabajadores y unas cuantas personas en formación. Además se realizan rutas por Logroño y los alrededores, para recoger diferentes tipos de materiales para después poder reciclar. En Chavicar, realizábamos los trabajos junto a todos, como si fuésemos uno más.

La cocina económica, por otra parte, era un pequeño grupo de unas 10 personas, lo cual supone que era un grupo mucho más reducido que el que había en Chavicar, y la labor era montar piezas. Con estos nos sentábamos alrededor de una mesa y mientras hablábamos con ellos y compartíamos diferentes cuestiones, montábamos las piezas.

Además de estos dos sitios, los voluntarios comíamos en el comedor social de la cocina económica, para poder compartir la experiencia y poder ponernos en el lugar de todos ellos. Comíamos como unos más de ellos, compartiendo mesa y poniendo en común las diferentes cosas que queríamos contarnos los unos a los otros.

Pero lo más importante no es la labor que realizábamos allí, sino la compañía. Nadie es demasiado pequeño ni “pobre”, ni demasiado “especial”. Todos pueden poner sus “saberes” al servicio de otros. Esto fue lo que realmente nos ocurrió. Realmente nuestra ayuda en el campo de trabajo fue mínima, porque en tan poco tiempo apenas pudimos realizar actividades, ya que nos costaba más aprender que hacer. Pero teniendo esto en cuenta, nos dimos cuenta de que por mucho que fuese una pérdida de tiempo para ellos el tener que explicar cómo se realizaban las cosas, lo hacían encantados. Nos dimos cuenta de que en realidad lo que importaba no era la actividad, sino el pasar tiempo con ellos.

    En realidad, supimos que no éramos nosotros los que teníamos cosas que enseñarles, sino ellos a nosotros. Que todos teníamos diversas cosas que compartir los unos con los otros, y que ninguno era más que nadie.

    Pero lo que realmente más resaltaríamos de este campo de trabajo es lo bien que nos sentimos en él. El sentimiento de compañerismo que recibimos por parte de ellos hacia nosotros, sentir que contaban con nosotros como si fuésemos unos más, el cariño que nos cogieron, la confianza de contarnos sus experiencias y vivencias… Nos sentimos realmente integrados en un ambiente de gente que no conocíamos. Fuimos muy bien recibidos.

    Consideramos que este campo de trabajo nos ha servido para conocer una realidad que la mayoría de la sociedad hace como si no existiese, para compartir tiempo con esta gente. Además este campo de trabajo nos sirvió para conocer a diferentes voluntarios, ya que entre nosotros no nos conocíamos y poner cara a gente que al igual que cada uno de nosotros, está aportando en esta lucha. Por ello, nos ha servido para darnos cuenta, de verdad, de lo importante que sería que cada una de las personas del mundo, aportase un poquito.

    ¿Por qué no hacer que este sueño de convertir la utopía en realidad se haga posible? No aceptes la realidad tal cual se plantea, se puede crear una realidad diferente. Aporta tu granito de arena, ¡juntos podemos conseguirlo!

     

    Un camino de 13 años

    Fue un verano, hace ya trece años. Todo comenzó en Ponferrada. Allí iniciamos un camino que nos llevaría, después de mucho andar, hasta Santiago. 

     

    Éramos un grupo grande: unos de Lasarte, otros de Madrid, otros de Asturias, otros de Bilbao… incluso de Chile. Algunos nos conocíamos de anteriores campos de trabajo, de grupos de parroquia. Otros nos conocimos allí mismo, mientras caminábamos. Y mientras andábamos fuimos uniéndonos como grupo y conociéndonos como personas.

    Fueron días de mucho caminar en pleno verano. Un verano gallego, con sus días de sol y sus días de lluvia. Caminando entre bosques, subiendo al Cebreiro, recogiendo tomates en Villafranca, visitando la residencia de ancianos de Sarriá y bailando “Paquito el Chocolatero” en la Plaza del Obradoiro, nada más llegar.

    Y sin apenas percatarnos, han pasado trece años. Y trece años después, de nuevo, nos juntamos en Zaldu. No estamos todos. A algunos les hemos perdido la pista. Otros viven lejos. El lugar es distinto, pero las caras son las mismas. Trece años más tarde, muchas historias y momentos después.

    Corren las fotos y las risas cada vez que uno se reconoce en su cara de adolescente. Se recuerdan chascarrillos y anécdotas. ¿Te acuerdas de aquella noche en que dormimos al aire libre? ¿Te acuerdas cuando dormimos en un mercado de ganado después de ver la final de Gran Hermano? Sí, también la vimos. Por aquel entonces era la gran novedad, la primera edición. En aquel camino nos dio tiempo a todo: a caminar en soledad, a compartir el camino, a sufrir por las ampollas y a divertirnos.

    Y mientras se pasan las fotos y se recuerdan historias que estaban ya escondidas en los cajones de la memoria, uno se fija en cómo, entre las manos que pasan esas fotos, cada vez hay más anillos. De boda. ¡Qué rápido pasa el tiempo! Y entre las fotos y las manos, aparecen también unas manitas. Pequeñas e inocentes. Curiosas y aventureras. Unas manitas que se abren camino ante la mirada atenta de sus padres y de todo el resto del grupo. Como hace trece años, nosotros también abríamos nuestro camino. Paso a paso. Etapa a etapa. Hacia Santiago.

     

    Y trece años después ...

    de nuevo, nos juntamos en Zaldu.

    Camino de Santiago

    Este verano he hecho El camino de Santiago comenzando desde Ponferrada. Al principio, me apunté por conocer gente y vivir esa experiencia de la que todo el mundo habla, El camino de Santiago. El primer día hicimos dinámicas para relacionarnos y conocernos todos mejor. Cada uno iba diciendo por qué se había apuntado y lo que sintió al llegar al albergue.  La gran mayoría coincidimos que era para relacionarnos con más gente y tener  nuevos  amigos, una experiencia diferente. Pero también ver a otros peregrinos con el cansancio acumulado de otros días, ampollas que tardan en quitarse y sobrecargas musculares te hacia preguntar: ¿qué hago yo aquí?. Y siempre terminabas  pensando lo bien que estaría yo en casa, en la piscina, levantándome tarde y con mis amigos. Pero siempre te daban una razón por la que continuar allí.

    Según pasaban los días estabas más cansado, pero también te ibas haciendo más al grupo,  les cogías cariño. Después de todo, son muchos momentos vividos de risas, desesperación por llegar al albergue, cansancio,… 

    En los últimos días, no paraban de repetir “Venga chicos, ya queda poco” y sí, qué ganas de poder sentarte en el sofá y levantarte tarde pero qué pena tener que separarte de amigos a los que habías cogido mucho cariño en tan solo once días.

    Al final llegó ese día,  te sientes muy satisfecho contigo mismo porque durante la ruta pensabas que nunca llegarías. Durante estas semanas  aprendes a valorar mucho más las cosas. La comida, llegar  y que esté puesta; la ropa, tu cama, objetos que en tu casa ves imprescindibles. Pero allí hemos estado muy bien viviendo con cosas que guardas en una pequeña mochila. No solo hablo de las cosas materiales sino de valorar más a tus amigos, familia, catequistas u otros peregrinos con los que tenías una conversación durante un trozo de la ruta y te contaban un poco su vida. También me llamó mucho la atención cuando otros peregrinos sin conocerte de nada, españoles o de otra nacionalidad, te decían: “Buenos días, buen camino”, eso todos, y luego siempre había alguno con el que mantenías una conversación.

      Cuando me hablaban del camino de Santiago nunca imaginé que iba a crecer tanto  como persona ni llevarme amistades tan grandes como las que me he llevado, merece la pena hacerlo y animaría a todo el mundo para que tenga esta experiencia. 
       Sandra Fraile

      el saludo

      Buenos días, buen camino

       

       

      Cottolengo: Contagiosas Sonrisas

      Todo comienza un día en el que por “x” razones decides colaborar como voluntario con Fundación Adsis y reservar diez días de tu verano para ayudar a discapacitados en el Cottolengo del Padre Alegre (Barcelona). Pero no sólo eres tú el que estás tomando ésta decisión, sino que otras 28 personas, de ciudades como Bilbo, Donosti, Madrid o Valladolid, están comprometiéndose en el mismo proyecto.

      Una vez allí la protagonista es la duda: “¿Qué voy a hacer?”, “¿Cómo reaccionaré?”, “¿Podré con la situación?”. Habíamos oído decir que no es fácil tratar con personas con limitaciones, así que algunos pensábamos “no podré con esto”, otros “no será para tanto”… pero en lo que sí que coincidimos es que el primer contacto, al no estar acostumbrados, sería chocante. Y así fue. A unos nos costó más, a otros un poco menos… pero todos juntos aprendimos a desenvolvernos: echando una mano donde se necesitara, dándoles de comer, lavándoles los dientes, cocinando, limpiando, escuchando, transmitiendo nuestra fuerza, nuestra energía y nuestras ganas, llenando las habitaciones de alegría, vitalidad y pequeños detalles que se veían recompensados con sonrisas.

      Sonrisas, sí, con eso me quedo de la experiencia; esas contagiosas sonrisas de personas sencillas con miradas sinceras en momentos irrepetibles… me quedo con todo lo compartido, lo aprendido y también lo aportado.

      Ahora, al echar la vista atrás, puede que como yo, estés pensando que esas razones y expectativas por las que te animaste, se quedaban cortas para todo lo que esta experiencia te ha hecho crecer… quizás te des cuenta de que puedes hacer mucho más de lo que pensabas (que lejos de esas dudas iniciales, te has superado); quizás vuelvas renovado (puede que algo haya tocado hondo en ti); quizás empieces a mirar a las personas de otra manera (que mires por dentro y empieces a fijarte en quién son en vez de en cómo son); quizás encuentres una vocación o puede que te animes a seguir con este tipo de proyectos; quizás te des cuenta de que has recibido, de personas con dificultades a las que “ayudabas”, mucho más de lo que has dado; quizás sientas que has dejado parte de tu corazoncito allí pero que has recogido otros 20000 trocitos que te han regalado… y es que seguro que TE HA CAMBIADO.

      Sonia Alonso

      Cottolengo y residencia

      Este verano, jóvenes de Donostia, Madrid, Valladolid y Bizkaia, voluntarios de  Fundación Adsis, disfrutamos de un campo de trabajo en Barcelona. Estábamos divididos en dos tareas distintas, ya que éramos bastantes. Algunos, iban a una residencia de ancianos y otros al Cottolengo, un hogar para gente con diversas discapacidades, dirigido por las hermanas del Padre Alegre.

      En Cottolengo, trabajábamos de mañana y tarde, realizando distintas labores. La mayoría estábamos divididos en las cuatro plantas: mujeres, hombres, niños y niñas. En las dos últimas plantas viven los que tienen más dependencia y menos autonomía, a los que llaman niños no por su edad, sino por su condición y la necesidad de ser atendidos de una manera especial.

      De esta manera acompañamos a los residentes, ayudando a cubrir sus necesidades básicas, como las comidas o  lavarles los dientes. Por ello, durante el día y en función de la planta, hablábamos con ellos, jugábamos a cartas, nos íbamos conociendo…y luego les dábamos de comer y cenar. En mi caso, tuve la suerte de ayudar a un niño en su rehabilitación con la fisioterapeuta, para aprender a caminar. También estuvimos trabajando en la cocina, jardín, almacenes…

      Por otra parte, en la residencia de las Hermanitas de los Pobres solo aceptan a ancianos que no tienen suficiente dinero para poder pagar una asistenta en casa o una residencia privada. Este centro trabaja prácticamente de la misma manera que una residencia normal pero los ancianos no tienen que pagar nada y las Hermanitas de los Pobres consiguen lo que necesitan gracias a la Divina Providencia.

      En el hogar de ancianos, de las Hermanitas de los Pobres, también trabajamos de mañana y tarde, ayudamos en todas las tareas posibles, como por ejemplo: ayudar en la cocina, ir con los ancianos a dar una vuelta por el centro de Barcelona, echar una mano a la fisioterapeuta en sus clases de gimnasia o colaborar con los ancianos con menos dependencia dándoles de comer, ya que sin nuestra ayuda no podían comer solos, por su cuenta.

      La opinión de dos asambleístas.

      Javier Illarramendi

      Javier Illarramendi

      Hermano de Adsis Asturias

       Disfrutando de la Asamblea.

      31 de julio 2013. Pedro Antón da por concluida la IX Asamblea General Adsis. Aplausos. Mientras recojo me pregunto: ¿qué ha acontecido, que he vivido en estos días? Algunas sensaciones, ideas, reflexiones, brotan sin orden:

      • Experiencia profunda de comunión, de fraternidad, de conocer y disfrutar de los hermanos, de sentir que navegamos en la misma barca y que Dios navega con nosotros.

      • Agradecimiento al Señor por la vida de los hermanos que han servido al Movimiento y por la de los que ahora han acogido esa tarea de servicio a la comunión. Cuanta disponibilidad, fe, confianza en Dios, cariño a la vocación y a los hermanos.

      • Dios está presente, vivo, movilizando el corazón de los hermanos y de las comunidades. “Creemos que, por iniciativa del Espíritu de Dios, ha nacido en nosotros una urgencia cristiana que nos impulsa a la acción”.

      • Las comunidades están vivas, el Espíritu las dinamiza. Detrás de tantas fotos y videos vistos, ¡cuánta riqueza!, ¡cuánta disponibilidad!, ¡cuánta entrega sencilla y humilde!, ¡cuánta fe!. ¡Qué alegría!

      • Una reflexión desde el encuentro con los hermanos latinoamericanos: “no puedo analizar, valorar, juzgar,…la realidad de las comunidades de Latinoamérica desde mi limitada mirada, desde mi pequeña experiencia europea y de comunidad”

      • ¡Qué placer vernos, contemplarnos, escucharnos, compartir, abrazarnos, reírnos, decidir, rezar,…tantos hermanos conocidos y desconocidos, latinoamericanos, rumanos, italianos,…!

      Hora de comer. Camino al comedor junto a los hermanos. El corazón late con fuerza y con emoción. ¡¡GRACIAS!!

       Javier Illarramendi

      Mer Lekumberri

      Mer Lekumberri

      Asociada de Adsis Bilbao
       ¿Humano? ¿Divino?

      Teníamos una vela encendida a nuestros pies, nos acercamos a la red y nos dejamos atrapar.

      El silencio de la respiración lo llenaba todo. El silencio lo sentía Divino, globalizante, irracional; entretejía la Red. La Respiración, terrenal, humana y caliente.

      Y después votamos. Votamos varias veces y no cansaba.

      No he vivido nada parecido, no me he encontrado teniendo que tomar decisiones tan novedosas para mi crecimiento como cristiana en comunidad, como fueron las votaciones del moderador general y consejeros/as.

      Las votaciones no ocuparon todo el tiempo de la asamblea, pero intuyo que emitieron “el tono” de la asamblea en todo su tiempo.

      Cada uno de los asambleístas a mí me brilló con luz propia: aquel con el que compartí una charlita, una comida, un asiento contiguo, aquel que me dejó ver su vela encendida…

      Los momentos asamblearios fueron sobre todo respetuosos, no se quiso apagar ninguna luz ni imponer un criterio; eso sí, convencer y contagiar con la pasión y fuerza que da una experiencia profunda de Dios y de la vida. Fue la Red. Allí, ya atrapados, algunos cedieron, otros se convencieron y todos confiamos.

      Y las vivencias compartidas en palabras, en fotos, en video… la respiración:  los proyectos, los riesgos y los muchos aciertos de caminos iniciados, de puertas abiertas y de manos ofrecidas.

      Gracias hermanos/as.

       Mer Lekumberri