Colonias urbanas en Bilbao

Estas navidades organizamos un campo de trabajo en Bilbao en el que participamos 7 jovenes y 3 monitores que organizamos y dinamizamos junto con los voluntarios y voluntarias de Oinezku las colonias urbanas para los niños y niñas del proyecto.

Fueron 4 días intensos, empezamos el primer dia jugando con los niños en los locales que nos dejó la parroquia de San Francisco Javier. Antes aprovechamos los participantes del campo de trabajo para conocernos y compartir las ilusiones y expectativas que teníamos cada uno.

Los 2 días siguientes fueron los más intensos. Primero en el PIN, con las barracas , las colas, los juegos, la comida juntos, el bingo… Y al día siguiente realizamos una gymkana por Bilbao y fuimos a patinar al pabellón de la Casilla. Dos días con mucha actividad y con mucho tiempo para jugar, conocernos y aprender juntos.

Y el último día tuvimos un regalo inesperado. Gracias a Alex, conseguimos unas invitaciones para el Guggenheim, donde realizamos una creativa gymkana por el museo y paseamos por las esculturas de Richard Serra.

Y, como último día, tocó el momento de despedirnos de los niños (con lágrimas incluidas). Después, los participantes valoramos la experiencia. Todos teníamos cara de cansancio, pero también se nos dibujaba una sonrisa al hablar de algún niño, contar alguna anécdota o simplemente recordar en silencio alguna sonrisa o mirada, de esas que quedan en el recuerdo de 4 días tan intensos y agradables.

Muchas gracias a Ainhoa, Leire, Martín, Alex, Lucía, Irati y Ander por compartir estos días.

 se nos dibujaba una sonrisa al hablar de algún niño, contar alguna anécdota o simplemente recordar en silencio alguna sonrisa o mirada. 

 

 

Jornadas de Pastoral con Jóvenes y Evangelización.

En tiempo Real

¿Cómo acercar la fe a Jóvenes creyentes en la universidad? ¨Haced discípulos en las fronteras¨¿Como iniciar los procesos de pastoral juvenil en los centros educativos?.

A estas preguntas están ahora mismo buscando respuestas en el encuentro Jóvenes Iglesia Frontera, desde el pasado jueves 13, y hasta este sábado 15 de Febrero.

Unas Jornadas que entre otras instituciones colabora Adsis. Estaremos atentos a las reflexiones finales para compartirlas con vosotros.

Mañana nuestros amigos de la comunidad Adsis de Zaragoza cierran el programa junto a la JOC (Juventud Obrera Cristiana).

Compartiremos con vosotros qué ha dado de sí la ponencia y las conclusiones más importantes.

Si estás por Zaragoza todavía puedes participar y contarnos qué te ha parecido.

Aquí toda la info.

Reflexiones sobre la fe.

Introducción

Parte de esta reflexión sirvió de apoyo a la Propuesta que se presentó en la XII Escuela de Pastoral con Jóvenes del pasado mes de noviembre de 2013. Tras un trabajo de reflexión de un grupo de jóvenes, se pusieron en conversación con el autor de este artículo. En la Escuela, tuvo lugar una entrevista de varios de estos jóvenes que fueron planteándole retos, cuestiones y percepciones en torno a la Iglesia y los jóvenes. Las respuestas dadas en ese momento encuentran en esta reflexión que ahora presentamos su marco y parte de su contenido. Teología, mundo actual y pastoral se entremezclan con la sabiduría de autores consagrados y la experiencia de acompañamiento de jóvenes del mismo autor.

Este artículo pretende reflexionar sobre las raíces eclesiológicas de nuestra fe teniendo como telón de fondo la pastoral con jóvenes. El motivo y horizonte implícito de esta reflexión es la pregunta ¿cómo acercar jóvenes e Iglesia?, que parecen hoy dos polos antagónicos.

Presentamos a modo de flashes algunos datos por todos conocidos. La religión sigue ocupando uno de los últimos lugares en una escala de valoración de las cosas más importantes para los jóvenes (22%). Estamos a la cabeza de Europa en increencia juvenil. Las investigaciones recientes nos indican que se sienten casi siempre felices sin necesidad de recurrir a lo trascendente. La Iglesia es una institución poco valorada para los jóvenes. Ocupa el último lugar en los estudios. La opinión que genera mayor grado de acuerdo es la que se refiere a la riqueza de la Iglesia, el 76% considera que la Iglesia es demasiado rica.

La participación social juvenil se hunde: el 81% no pertenece absolutamente a ningún tipo de asociación u organización, ya sea juvenil, cultural o deportiva. Los aspectos afectivos y las relaciones interpersonales son las cuestiones que mayor grado de satisfacción generan entre los jóvenes. Así, el 97% de los entrevistados se muestran satisfechos (mucho o bastante) con su familia y el 95% con sus amigos. Las actividades relacionadas con ir a bares o cafeterías, ir a discotecas o salir al cine son muy importantes para los jóvenes. Están desesperados por estar relacionados, pero desconfían del estar relacionados para siempre.

Les define el desencanto. Se retiran a su propio mundo, coto vedado para los adultos. Se sienten y se perciben como alejados socialmente. Se alejan de un mundo que temen y que no les gusta.

Un valor muy importante para nuestra sociedad y para ellos es la libertad. De ahí la libertad que encuentran en internet. Así mismo, el valor fundamental que domina en el mundo religioso ya no es el de verdad, sino el de autenticidad. Así están las cosas. Tomar conciencia de ello nos ayudará a presentar mejor la Iglesia.

Los medios de comunicación.

Hay un acuerdo generalizado, después de constatar la realidad anterior, que la transmisión de la fe ya no se produce ni en la parroquia, ni en la familia, ni socialmente, ni por los padres, ni el colegio. Somos más conscientes de que estos canales se han interrumpido.

Crónica Visual de la Escuela de Pastoral con Jóvenes celebrada en Septiembre

La inmensa mayoría de los cristianos bautizados en-cuentran primariamente a la Iglesia y al mensaje del Evangelio en el mundo de los medios de comunicación, y tan solo secundariamente en formas directas de comunicación eclesial. Los medios transmiten una selección, una imagen de la realidad, como informaciones orde-nadas prácticamente, y cuya mezcla y composición se adaptan al gusto del público.

La inmensa mayoría de los cristianos bautizados encuentran primariamente a la Iglesia y al mensaje del Evangelio en el mundo de los medios de comunicación , y tan solo secundariamente en formas directas de comunicación eclesial. Los medios transmiten una selección, una imagen de la realidad, como informaciones ordenadas prácticamente, y cuya mezcla y composición se adaptan al gusto del público.

Hoy día, el mundo de los medios de comunicación y su fisonomía lingüistica pública poseen la preponderancia frente a otras instituciones (distintas a la familia, la sociedad, la escuela, incluso la comunidad eclesial o local), no sólo en el ámbito de lo religioso, sino en lo moral y en otras muchas dimensiones de la sociedad.

Este aspecto me parece de muchísima importancia. El joven no conoce a la Iglesia. Conoce la imagen deformada que le suministran los medios de comunicación. Esto unido, a una pequeña capacidad crítica hace que la imagen que ellos tienen del cristianismo y de la Iglesia sea pésima. Así mismo, nos encontramos ante un dilema: los medios de comunicación suelen dirigirse a las autoridades eclesiales para que hagan declaraciones sobre cuestiones morales. «Se espera de nosotros que establezcamos claramente cuáles son las normas y que demos órdenes. Si no lo hacemos, nos tacharán de imprecisos y liberales. Si lo hacemos, nos tacharán de conservadores y mandones». El cardenal Kasper, afrontando este desafío que nos presenta nuestra sociedad globalizada realiza una profunda autocrítica: «la iglesia vive un déficit de comunicación tanto interna como externa. Construir una cultura comunicativa, un estilo dialógico y estructuras comunicativas es desideratum urgente».

Jesús construye la casa

Una vez presentada sucintamente la realidad, con sus datos, nuestro análisis de ellas y algunas posibles pistas, en este apartado volvemos nuestros ojos hacia Jesús, para buscar un sustrato seguro en el que asentarnos y no construir la casa en arena. Presentamos algunos elementos claves en la vida de Jesús para entender qué es la Iglesia, cómo es la casa construida sobre roca que Jesucristo quiere para nosotros.

Parecería que habría un acuerdo de mínimos de muchos agentes pastorales con muchos postmodernos sobre la frase: «Jesús sí, la Iglesia no». En esta afirmación se revela un no a la Institución, un deseo de quedarnos sólo con el Carisma. Es una visión postmoderna (que reniega y no confía en las instituciones) y protestante de la Iglesia. Un peligro y una tentación que hemos de abordar. Sin embargo, el sueño de Dios es la Iglesia, la unión de los hombres con Dios.

Jesús y los doce

Pero comencemos por Jesús. Jesús anunció la buena noticia de la presencia inminente del Reino de Dios al pueblo de Israel. Llamó a la conversión del pueblo para acoger el Reino de Dios. El Reino de Dios es la presencia salvadora de Dios en medio de nosotros. No hemos de olvidar que «el Reino de Dios» es un concepto religioso, pero también social10 y político. Sorprende cómo Jesús anuncia el Reino y la ética del Sermón de la Montaña en un contexto de amistad. La paradoja de Jesús es que acogía incondicionalmente a todos, pero también les exigía todo. Aquí se encuentra la raíz y el fundamento del ser de la Iglesia.

Nada más empezar su ministerio, Jesús llamó a unos discípulos para que lo siguieran (Mc 1,16-20). También lo seguían mujeres (Lc 8,1-4), algo inusual en el judaísmo. Fueron muchos sus discípulos. Vivió con ellos, compartieron la vida, su dinero y la misión de Jesús12. De entre sus discípulos, Jesús reunió junto a sí a «Doce» para que estuvieran con él y para enviarlos anunciar el Reino (Mc 3,13). Serían los jueces de Israel. Su presencia junto a Jesús era ya anticipo y realización del Reino que anunciaban. Los Doce simbolizan la inclusión de todo Israel en el Reino que ha de llegar. Son germen de la Iglesia.

En la última noche de su vida reunió a los suyos y compartió con ellos su persona y su vida (carne y sangre, pan y vino), se sintió unido a ellos y les anticipó el futuro del Reino. Es una acción profética que desencadena lo que simboliza: la unión de todos los hombres con Dios. Conocemos cómo se desarrollaron los acontecimientos en esa noche, con el abandono de los discípulos en Getsemaní (Mt 26,56) y la crucifixión de Jesús, el hombre para los demás, muere abandonado y solo, insultado y torturado.

La experiencia de la Resurrección

Sin embargo, no terminó esta historia con la cruz de Jesús y el abandono de los discípulos. Los discípulos le experimentaron «vivo» (Lc 24,23). La resurrección de Jesús contiene el centro de nuestra fe. Ahora bien, a la resurrección solo podemos acceder por sus efectos.

Los discípulos comienzan a anunciar que el Reino de Dios se ha desencadenado con la resurrección de Jesús. Por eso esperan la revelación definitiva del Reino de Dios precisamente allí donde, según la fe judía, se ponen en marcha los sucesos escatológicos: en Jerusalén. El restablecimiento de la integridad del círculo de los Doce, la oferta del bautismo y la vuelta de los discípulos a Jerusalén indican claramente que la comunidad postpascual de los discípulos, fiel a Jesús, prosigue la reunión escatológica de Israel comenzada por el Maestro. La experiencia del Espíritu. El gran olvidado Entre los acontecimientos postpascuales, los discípulos nos cuentan que experimentaron la presencia del Espíritu Santo como don de Jesucristo resucitado. El Espíritu Santo no es un invitado de segundo orden ni a nuestro mundo, ni a la Iglesia. El Espíritu actúa desde la creación; habló por los profetas y de alguna manera late en el corazón de cada persona. Interviene en la encarnación del Hijo y especialmente le acompaña desde el bautismo hasta el momento de su expiración. La Iglesia ha sido fundada por el Espíritu partiendo del fundamento de la comunidad de Jesús. Una Iglesia que ahora es Templo del Espíritu, es decir su casa. El plan de Dios es que el Espíritu pueda habitar en nosotros. «El Verbo se hizo carne para que pudiéramos recibir al Espíritu Santo». Es Él el gran artífice de la Escritura, que es medio para el encuentro con Dios y de la misión y anuncio del evangelio.

¿Qué nos ha traído Jesús?

Después de esta breve presentación, aquí hemos de relanzar la pregunta que se hacía Benedicto XVI: ¿A qué ha venido Jesús a nuestro mundo? ¿Qué ha dejado su paso? Benedicto XVI responde que nos ha traído a Dios. Pero hay más. Jesús nos ha dejado una nueva manera de mirarnos, de entendernos, de relacionarnos. Nos ha querido hacer libres, enseñarnos a relacionarnos desde el amor y el perdón, desde el servicio y la solidaridad. Lo ha hecho con sus palabras y sus obras. Nos ha regalado una nueva comunidad donde experimentar su salvación de manera concreta.

Tomado de Revista de pastoral juvenil (Diciembre 2013):

Descarga aquí el artículo completo

Alfredo Delgado

 

Recordando el Cottolengo

Sitúate en medio de la gran vía Barcelonesa, ¿Qué ves? Gente corriendo en direcciones opuestas, un murmullo incesante, el tráfico, mil y un colores diferentes haciendo que te enamores de la ciudad. Te mueves. Se divisan las torres de la sagrada familia a lo lejos. Te giras. Percibes la tranquilidad del mar. Levantas la vista.  Las nubes se mueven en su curso natural. Te dispones a bajar la vista cuando a lo lejos, en una de las colinas, ves un cartel. La curiosidad te puede y enfocas la vista para leerlo. Ves que, con letras simples de color azul, el cartel te da la bienvenida a Cottolengo del Padre Alegre.

Lo que jamás imaginas es que dentro de ese edificio se encuentra un mundo totalmente alejado al tuyo, un mundo donde la generosidad impera y el cariño se siente en todas las esquinas. Dentro, religiosas de la Congregación de Servidoras de Jesús del Cottolengo junto con voluntarios y enfermos forman una familia poco común pero inigualable.

Al salir el sol, las religiosas se disponen para comenzar el día. La rutina, que ya está grabada en la memoria de todas, comienza. En medio de esta rutina los voluntarios de la ciudad aparecen y desaparecen por momentos, todos aportan su granito de arena haciendo que esto forme parte de su vida. En alguna ocasión, los que aparecen por allí son grupos de voluntarios. Venidos de diversos lugares del mundo, estos se sumergen en la vida del Cottolengo por unos días que no les dejaran indiferentes. Este fue nuestro caso.

Una mañana de julio como cualquier otra, llegamos a la puerta blanca del Cottolengo. Nerviosos, hicimos el recorrido que repetiríamos durante cinco días. Sin saber muy bien a que nos disponíamos, nos dividimos en grupos y cada uno comenzó con su labor. Subiendo por las plantas de la residencia nos encontramos con los primeros enfermos, el primer contacto fue realmente impactante. Descubrimos una realidad que hasta el momento no habíamos siquiera imaginado. Para cuando cada grupo llegó a su lugar de trabajo, ya era la hora de la comida y la primera tarea consistió en dar de comer a esos pacientes que tan descolocados nos habían dejado.

Observándolo ya desde la distancia, vemos todo lo que esos cinco días nos aportaron. Hemos aprendido a apartar los prejuicios. A ver lo bello que hay dentro de cada persona. A dejar que lleguen a nuestro corazón. A que muchas veces las palabras no importan sino lo que trasmitimos con nuestros gestos.

En el comedor, los olores se mezclaban con los ruidos de las sillas y una melodía que nunca olvidaremos. Con manos temblorosas y sintiéndonos totalmente fuera de lugar conseguimos llevar a cabo lo que debíamos hacer. Cuando terminamos y nos reunimos entre nosotros el sentimiento era común, todos estábamos completamente perdidos y abrumados. Todos compartíamos el mismo miedo, el de no saber tratar con aquellos enfermos que padecían discapacidades muy complejas y delicadas. Pero para nuestra sorpresa, conforme iban pasando las comidas y las cenas pusimos cara, nombre e historia a los pacientes, comenzamos a sentirnos menos temerosos y a acercarnos más a ellos. Aunque para ser honestos, fueron ellos los que se acercaron a nosotros. Fueron ellos los que nos trataron como amigos/iguales. Fueron ellos los que nos hicieron sentir que estábamos en casa.

Cuando pasábamos con nuestras batas blancas por los pasillos llevando el carrito de la comida, alguna se nos enganchaba por detrás o nos pisaba con su silla de ruedas mientras se reía pícaramente. Estos momentos son los que nos hicieron sentir en familia y serán los que por siempre se guardarán en nuestra memoria.

Poco a poco fuimos deshaciéndonos de ese miedo inicial y llegó el momento en el que comenzamos a dar lo mejor de nosotros. Sin el temor que nos frenaba nos lanzamos de lleno en las relaciones que estábamos tejiendo y nos dejamos invadir por las sensaciones que nos trasmitían las personas del Cottolengo. Viendo así las cosas, diariamente esperábamos deseosos el momento de volver allí para poder reír junto a ellos.

Con todas las emociones que estábamos sintiendo en aquellos momentos, no nos dimos cuenta de que el final de esta experiencia se acercaba. El último día nos pilló casi por sorpresa. Como siempre, intentamos dar lo mejor que teníamos pero por dentro sentíamos un vacío cada vez mayor. Vimos pasar las horas rápidamente hasta que llego el momento de decir “hasta luego”. Como todas las despedidas, esta también fue amarga y no pudimos evitar dejar caer alguna lágrima.

Observándolo ya desde la distancia, vemos todo lo que esos cinco días nos aportaron. Hemos aprendido a apartar los prejuicios. A ver lo bello que hay dentro de cada persona. A dejar que lleguen a nuestro corazón. A que muchas veces las palabras no importan sino lo que trasmitimos con nuestros gestos.

Por todo esto, agradecemos la oportunidad que se nos ha brindado y a todas las personas que han hecho que esta experiencia sea única.

Uxue Díez Guiral

 

“Es inaceptable que a los fallecidos en las fronteras se les haga culpables de su miseria y de su muerte”

“Es inaceptable que el negrero de ayer perviva en los gobiernos de hoy”

“Es inaceptable que haya fronteras impermeables para los pacíficos de la tierra”

«No hace falta que nadie lo interprete, pues está dicho para que lo entiendan incluso los niños: “Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo”. Y después del mandato al alcance de todos, por si hiciese falta, se añade la razón que lo sostiene: “No te cierres a tu propia carne”. ¡El hambriento, el pobre sin techo, el desnudo, son “nuestra propia carne”!

“No te cierres a tu propia carne”: Este único conocimiento bastaría para que fuese otra la política de las fronteras, otra la lógica de nuestros razonamientos, otra el motivo de nuestras manifestaciones, otra la matriz de nuestras preocupaciones, de nuestras aspiraciones, de nuestras quejas, de nuestras opciones.

“No te cierres a tu propia carne”: Si entras por el camino de esta sabiduría, “romperá tu luz como la aurora”, delante de ti irá la justicia, detrás irá la gloria del Señor, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía”.

“No te cierres a tu propia carne”, y el pan que compartes con el hambriento, te hará luz para el indigente, como es luz para ti el que, con su vida en las manos como un pan, dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros”.

“No te cierres a tu propia carne”: Sienta a los pobres a la mesa de tu vida, y tú serás para ellos la luz con que Dios los ilumina.

Y a cuantos una y otra vez me recuerdan que la Iglesia no es una ONG, una y otra vez recordaré que los pobres son “nuestra propia carne”, y que mi pan es su propio pan, y que la Iglesia es su propia casa.»

Ése era, queridos, el mensaje que había preparado para acercarme con vosotros al misterio de la palabra que oiremos proclamada en la liturgia del V domingo del tiempo ordinario; pero los acontecimientos reclaman transformar la suavidad de la exhortación en denuncia de lo que es inaceptable.

Lo inaceptable:

Es inaceptable que la vida de un ser humano tenga menos valor que una supuesta seguridad o impermeabilidad de las fronteras de un estado.

Es inaceptable que una decisión política vaya llenando de sepulturas un camino que los pobres recorren con la fuerza de una esperanza.

Es inaceptable que mercancías y capitales gocen de más derechos que los pobres para entrar en un país.

Es inaceptable que las políticas migratorias de los llamados países desarrollados, ignoren a los empobrecidos de la tierra, vulneren sus derechos fundamentales, y se conviertan en el caldo de cultivo necesario para multiplicar en los caminos de los emigrantes las mafias que los explotan.

Es inaceptable que haya fronteras impermeables para los pacíficos de la tierra, y no las haya para el dinero de la corrupción, para el turismo sexual, para la trata de personas, para el comercio de armas.

Es inaceptable que la política obligue a las fuerzas del orden a cargar la vida entera con la memoria de muertes que nunca quisieron causar.

Es inaceptable que el mundo político no tenga una palabra creíble que dar y una mano firme que ofrecer a los excluidos de una vida digna.

Es inaceptable que a los fallecidos en las fronteras se les haga culpables, primero de su miseria, y luego de su muerte. Ellos no son agresores: han sido agredidos desde que sus corazones empezaron a latir al sur del Sahara, hasta que se paran para siempre en las aguas de nuestra indiferencia.

Es inaceptable que el negrero de ayer perviva en los gobiernos que hoy vuelven a encadenar la libertad de los africanos, supeditándola a los intereses económicos de un poder opresor.

 

Desde la impotencia a la esperanza:

Queridos: ante el drama de sufrimientos y muerte en que el poder ha convertido los caminos de los emigrantes, es difícil que apartemos de nuestro corazón sentimientos de frustración, de impotencia, de tristeza, de indignación. Pero nuestro compromiso con la vida de los pobres no nace de esos sentimientos, sino de un amor incondicional, un amor fiel, que a todos se nos ha manifestado, y que a todos nos ha reunido para siempre en el único cuerpo de Cristo.

“No te cierres a tu propia carne”: no te cierres al sufrimiento de Cristo.

En este camino el poder no puede seguirnos. A él sólo le pedimos que sea justo. A nosotros el amor nos pide dar incluso la vida por el bien de los demás.

Y son muchas las cosas que, hasta dar la vida, podemos hacer: Tenemos la fuerza del amor y de la oración, una fuerza que es capaz de mover el mundo. Podemos hacer que los emigrantes no estén solos en su camino, y podemos dejar solos a quienes, gobiernos o mafias, les están robando la vida.

Podemos compartir con el emigrante nuestro poco de leña, nuestro poco de agua, la última harina de nuestra vasija, el último aceite de nuestra alcuza. Podemos darles voz para que se escuche su grito, podemos llamar a las puertas de cada conciencia para que la sociedad reclame una nueva política de fronteras, y, con terquedad de discípulos de Jesús, podemos recordar a cada hombre que es su propia carne, también la de Cristo, la que, día a día, es condenada a muerte en las fronteras del sur de Europa.

 

Queridos: no me dejéis sin vuestra oración.

Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger

La puerta del Sol. por Alfonso López

Al despedirme de cada uno de ustedes quisiera dar gracias a Dios por el tiempo compartido, por lo vivido, por lo aprendido y por la fe renovada en contacto con la fe sencilla y confiada de tantos niños, jóvenes y adultos. Gracias inmensas a Dios por estos años en El Alto y Bolivia.

Quisiera que todo lo compartido no se perdiera en el olvido, y por eso pido a Dios un deseo, que confío me conceda con la intercesión de todos ustedes. Mi deseo es que mi vida se transforme en la puerta del sol, símbolo de la cultura aymara.

    He tenido la suerte de contemplarla varias veces al visitar Tiwanaku, y de conocer su historia y su significado.  Como esa puerta, quiero que la vida que me quede esté abierta para que, quien lo desee, pueda entrar y salir sin tocar ningún timbre, sin usar ninguna llave, sin pedir ningún permiso, con la  libertad de un amigo o de una madre.

    Como esa puerta, cada día quiero ser visitado por el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, ese sol que brilla tanto en el Sur como en el Norte de nuestro planeta, nuestra misma casa, “utasa”.

    Las columnas de la puerta del sol tienen labradas en su superficie caras de peces, pumas y cóndores que simbolizan la vida en el agua, en la tierra y en el cielo. Como esa puerta tallada, pido a Dios que tatúe mi recuerdo con cada rostro, con cada nombre. Especialmente le pido que grabe en mi memoria a tantas “wawitas” transportadas en el aguayo de sus madres, sin miedos ni preocupaciones, rebosantes de alegría y confianza, en la certeza de estar en buenas manos.

    Las columnas sostienen la parte horizontal de la puerta, que es la principal. En su centro se sitúa el dios Virachocha, que representa lo más sagrado de estas tierras. Junto con él llevo mi respeto por este pueblo milenario lleno de creencias y culturas, tradiciones, costumbres y palabras que no he terminado de comprender pero que admiro profundamente.

    A los dos lados de Viracocha están los “chasquis” voladores, mensajeros divinos que escuchan y obedecen al dios llevando su mensaje a todos los rincones, caminando y volando, saliendo y regresando, para hablar a la tierra de su creador y al creador de sus criaturas. Como un chasqui volador, yo también salgo con una nueva misión que incluye comunicar en otras tierras al Dios que con ustedes he contemplado, escuchado y amado.

    Finalmente, la puerta del sol está partida. Tiene una gran grieta desde los tiempos de la conquista. Esa herida en la piedra es soplada cada día por el aire del altiplano, silencioso o huracanado, fresco o suave, una visita que nunca falta. Quiero que mi corazón, como la puerta, lleve esa herida que nunca cicatrice, por donde soplen como ráfagas de viento sus dolores y temores y, como brisa que acaricia, sus alegrías y esperanzas.

    Con gratitud a cada uno de ustedes, me despido hasta cuando Dios quiera.

    Como esa puerta, cada día quiero ser visitado por el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, ese sol que brilla tanto en el Sur como en el Norte de nuestro planeta, nuestra misma casa, “utasa”.

     

    Alfonso LópezComunidades Adsis

    Fotogalería. Encuentro de navidad con jóvenes en Gipuzkoa, programa Nomadak, ECI y Lasarte.

     

    Nomadak: pokito a poko entendiendo…

    Andaba perdida de camino pa la casa

    Cavilando en lo que soy y en lo que siento
    Pokito a poko entendiendo
    Que no vale la pena andar por andar
    Que´s mejor caminar para ir creciendo

    Volveré a encontrarme con vosotros
    Volveré a sonreír en la mañana
    Volveré con lagrima en los ojo
    Mirar al cielo y dar las gracias

    Pokito a poko entendiendo
    Que no vale la pena andar por andar
    Que es mejo caminar para ir creciendo
    Pokito a poko entendiendo
    Que no vale la pena andar por andar
    Que es mejo caminar para ir creciendo

    Mirarme dentro y comprender

    Que tus ojos son mis ojos
    Que tú piel es mi piel

    En tú oido me alborozo
    En tú sonrisa me baño
    Y soy parte de tú ser
    Que no vale la pena andar por andar
    Es mejo caminar pa ir creciendo.

    Pokito a poko entendiendo
    Que no vale la pena andar por andar
    Que es mejo camina para ir creciendo
    Pokito a poko entendiendo
    Que no vale la pena andar por andar
    Que es mejo camina pa ir creciendo

    Volveré a sentarme con los mió
    Volveré a compartir mi alegría
    Volveré pa contarte que he soñado
    Colores nuevos y días claros
    Volveré pa contarte que he soñao
    Colores nuevos y días claros

    Recordando sueños de la Navidad

    Queridos Reyes Magos:

    Perdonar que haya tardado tanto en volver a escribiros, recuerdo que hace tiempo que perdí la fe en vosotros, desde aquel año que os pedí, por tercer año consecutivo, aquel videojuego que tanto quería. No me lo tengáis en cuenta, por favor, en aquel entonces era pequeña y no me daba cuenta de lo egoísta de mi deseo. Desde entonces he crecido, he madurado por todas las cosas que me han ido sucediendo.

    Este año he querido volver a escribiros, volver a tener aquella fe ciega en vosotros. Si fuese la misma niña egoísta que solo pedía regalos caros para ella os pediría un portátil nuevo, pero como os digo he cambiado, he madura, y es por ello que esta vez quiero pediros algo un poco más complicado, uno de vuestros milagros navideños, bueno, dos en realidad.

    El primero que quiero pediros es un poco egoísta. No, no os confundáis, no es para mí, pero sí me afecta en parte. Como sabréis tengo una amiga que está pasando por una depresión, no sonríe, no se valora y cree que a nadie le importa. Me gustaría pediros que por estas Navidades le traigáis un par de risas, que consigáis que vuelva a sonreír como no ha hecho en todo este tiempo. Y os lo pido no solo para ella, sino para toda la gente que, como ella, se halla en depresión.

    El segundo es un poco más complicado, me gustaría pediros que intentéis hacer a la gente menos violenta. Ya conocéis mi historia, solo quiero pediros que no dejéis que nadie más pase por un estado de maltrato, sea del tipo que sea, que no dejéis que nadie más sufra por esto.

    Sé que sois los únicos que podéis concederme estos milagros navideños, los únicos que podéis lograr que el mundo sea mejor de un día para otro, por eso os confío esto a vosotros. Pero también sé que es algo demasiado complicado lo que os pido, por eso, quiero pediros que dejéis que la gente os ayude con esta difícil empresa.

    Yo misma colaboro en un grupo de voluntariado, y que poco a poco hace un poco más feliz a la gente y aporta su granito de arena. Pero ni siquiera nosotros solos podemos, por eso sé lo complicado de lo que os pido. Y es, también, por ello, que me gustaría pediros que dejéis que el mensaje de esta carta llegue a manos de otras personas, para que entre todos podamos ayudaros a cumplirlo, y a hacer del mundo un lugar un poquito mejor.

    Con mis mejores deseos para que estas navidades el trabajo os sea leve.

    me gustaría pediros que dejéis que el mensaje de esta carta llegue a manos de otras personas, para que entre todos podamos ayudaros a cumplirlo, y a hacer del mundo un lugar un poquito mejor.

    Queridos Reyes Magos:

    Hace ya tiempo que crecí, que crecimos, que el mundo crece al mismo ritmo y con él y con nosotros también, crecen los problemas personales y sociales: como perder personas, perder oportunidades o perder el norte de nuestra vida, pero ojalá  y nunca perdamos la conciencia de clase.

    Yo no os puedo pedir un mundo mejor porque eso está en manos de cada persona, lo que sí os pido es no perder nunca esas ganas de ayudar, de que todo vaya mejor en esta sociedad, y para ello os pido también a más gente con conciencia y que mire más allá de su ombligo, que abra los ojos y que vea que después de su propio horizonte las cosas no están tan bien como uno cree. Porque una persona sola no puede cambiar el mundo, pero con un granito que aporte cada persona, sí.

    Porque una persona sola no puede cambiar el mundo, pero con un granito que aporte cada persona, sí

     

     

    Colonias Urbanas en Santiago de Chile

    Por cuarto año consecutivo, se realizaron en Santiago las colonias urbanas. Una gran experiencias para los jóvenes, en la que participaron 15 voluntarios y voluntarias en una actividad desarrollada en los primeros días de enero. En total unas 80 personas participaron en la actividad entre niños, niñas y las familias.

    Accede al  testimonio de una de las jóvenes que han participado en la actividad.