Contaminación de una acería en Gijón (España) junto a mi parroquia.

Movimiento Católico Global por el Clima

 

 

B8IadW4CIAIsGOUMovimiento Católico Global por el Clima, puesto en marcha durante la visita del Papa en Filipinas: Una colaboración para la oración y la acción sobre la crisis del cambio climático.

 

El Movimiento Católico Global por el Clima es una colaboración de organizaciones y líderes de diferentes partes del mundo católico y se presentó el pasado 14 de enero 2015 con una declaración presentada a Francisco durante su visita a Filipinas.

Es la primera vez que un movimiento mundial de católicos se reúnen para trabajar juntos sobre cuestiones medioambientales. Su misión se hace eco de las dimensiones globales de la Iglesia Católica y un sentido compartido de responsabilidad de cuidar la más hermosa creación de Dios.

Inspirado por las enseñanzas de la Iglesia y guiados por la virtud de la prudencia, el movimiento acepta las conclusiones de los líderes científicos, como el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, que las emisiones de gases de efecto invernadero de la humanidad contribuyen a cambios generalizados y en su mayoría nocivos para los sistemas planetarios.

Contaminación de una acería en Gijón (España) junto a mi parroquia.

Contaminación de una acería en Gijón (España) junto a mi parroquia.

Patrick Carolan, director ejecutivo de la Red de Acción Franciscana, que también es un miembro del grupo, explicó la declaración diciendo: “Citando enseñanzas del Papa Francisco y los obispos de Filipinas, este comunicado llama a los católicos a promover las enseñanzas de la Iglesia, apreciar su responsabilidad moral de actuar, y crear conciencia sobre el cambio climático y sus efectos, sobre todo en los pobres y las generaciones futuras. Se invita a los Católicos a participar en futuras acciones que busquen un fuerte acuerdo internacional sobre el clima, y encomienda todos nuestros esfuerzos a Jesucristo, que hace nuevas todas las cosas.” Desde Filipinas, la coordinadora del Pastoral de Ecología en la Arquidiócesis de Manila, Lou Arsenio, agregó: “El movimiento planea promover la creación de redes y el intercambio de información sobre el cambio climático entre las organizaciones católicas a través de fronteras nacionales, para lograr una mayor comprensión de la enseñanza católica sobre el cuidado de la creación de Dios, y para responder a las preocupaciones del Papa Francisco y otros líderes de la iglesia sobre el cambio climático. Invitamos a todos los laicos y organizaciones católicas a unirse a este esfuerzo, tanto para generar conciencia sobre este importante tema y actuar en la esfera pública.”

La puesta en marcha del movimiento coincide con el viaje del Papa Francisco a las Filipinas. El lanzamiento también tiene lugar en momentos en que la comunidad Católica está a la espera de la próxima encíclica sobre la ecología.

Más información en:       http://catholicclimatemovement.global/espanol/

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Pedro Jiménez

Biólogo y cura Adsis

Un minuto para cambiar el mundo. Festival de clipmetrajes.

 

Las causas del hambre

Producimos más alimentos que nunca antes en la historia, pero 805 millones de personas pasan hambre. La degradación medioambiental, los biocombustibles y el acaparamiento de tierras son tres causas evitables y denunciables del hambre.

Tu punto de vista puede cambiar el mundo

 Coge tu cámara y graba un clipmetraje para denunciar el hambre y sus causas.

Comparte tu punto de vista entre 17 de octubre de 2014 y 17 de febrero de 2015. ¡Acepta el desafío del hambre! Entre todos, podemos erradicarla.

Participa

Aquí puedes ver toda la info: Clip metrajes manos unidas

Con alegria

No está el horno para bollos, dirán. Pero ¿cuándo lo ha estado? Los años de bonanza de unos suelen ser los de penuria para muchos otros. Las alegrías de unos vienen unidas a los infiernos que otros, silenciosamente, padecen.

Por lo tanto, quitémonos esa etiqueta de agoreros que solemos llevar encima los ecologistas. Demasiadas veces se han cumplido las malas previsiones que avisábamos (por ejemplo con el Cambio Climático), pero no podemos ir siempre de profetas de desgracias. Hay que hacer denuncia fuerte y a la vez proponer caminos de esperanza. Y de hecho las organizaciones medioambientales desde hace años ya lo hacen. Otra cosa es que no se quiera escuchar sus propuestas…

Moises y los mares sucios

Moises y los mares sucios

Así que a pelear con ambas manos, la realidad dura y el futuro aún posible. La maldad que genera caos y dolor y la esperanza bien cimentada que abre futuro.

Tu ¿dónde apoyas toda esa realidad? ¿Te desesperas o buscas hacer algo? ¿Te quedas en limpiar suciedades o luchas contra los que ensucian? ¿Riñes a otros o empiezas a ser tú mismo más limpio?

Animo, caminemos juntos que la casa es de todos.

Adsis. Abiertos a lo nuevo

Con motivo del 50 aniversario de nuestra historia como movimiento hemos realizado este vídeo que recoge los principales retos para nuestro movimiento.

Fue presentado en el Encuentro que realizamos en el encuentro del 50 aniversario celebrado en Noviembre de 2011. Esperamos que os guste.

Bautismo del Señor: Hijos de un mismo Dios

Las tropas nazis entran en Cracovia, Polonia, en el otoño de 1943, Romek (Haley Joel Osment) de once años, es ayudado a escapar de su familia judía, condenada a muerte. El granjero, Gniecio, lleva clandestinamente a Romek a su pequeño pueblo, al Este de Polonia. Solo el sacerdote del pueblo (Willem Dafoe) sabe el origen de Romek, aunque pronto otros niños acabarán por descubrirlo. El mal del mundo adulto se transfiere al mundo infantil, únicamente el pequeño Tolo, que quiere parecerse a Jesucristo, parece comprender lo que está pasando y el sacrificio necesario para cambiar para que “las cosas vayan mejor”.
• ¿Qué parece la secuencia donde Tolo bautiza a los otros niños y luego a sí mismo?
• ¿Crees que Tolo representa de alguna forma a Cristo? ¿En qué?
• Fíjate que el momento del bautismo del Evangelio de hoy, Jesús es mostrado como el amado de Dios, aunque conlleva su compromiso, su pasión. ¿Qué recibimos y a qué nos compromete el bautismo?
(Orientación para padres y educadores: Mayores de 13 años, escenas de desnudez y violencia)

 

Peio Sánchez RodríguezCine Espiritual para todosSobre el Autor.

Enero de 2015. Iniciando el blog…. Saludos y ánimos.

Muchos ya habréis visto cosas que voy compartiendo siempre, sobre estos temas ecolos, con los amigos y cercanos más sensibles. Ahora vamos a canalizar todo ello por este blog (para descanso de más de uno….).

Bueno, me parece que esta filosofía que los jesuitas de Asia mostraban en este artículo, hace un par de meses, es parte de la que me gustaría a mi también ampliar desde nuestro ámbito Adsis.

Hay que llegar al gran público con todas estas reflexiones…. Os invito a divulgar todo lo que veáis aquí que os sirva, os guste y mueva el corazón verde y cristiano de otros (sin excluir a nadie, faltaría más).

Para los que no se animen a pinchar el enlace, les dejo un par de citas que sirvan para orientarse. Y una imagen sugerente….

Que el Espíritu nos sople fuerte en estos preciosos y delicados tiempos nuestros, ahora que tenemos la vela de Francisco desplegada…

“el 19 de abril del 2013, el recién nombrado papa Francisco hizo una afirmación: La vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos.” “Diríamos que los tres últimos Papas nos han invitado repetidamente a ponernos en camino, como comunidad creyente, para cuidar la vida de la comunidad humana y de la creación. Una y otra, insisten, van de la mano. El cuidado de la creación es parte de la vocación cristiana, parte de la vocación de custodio, como le gusta decir a Francisco”.

“La vida espiritual y la vida comunitaria son dos ámbitos donde una espiritualidad ecológica – una espiritualidad de la resistencia y del agradecimiento – se ha de cultivar”.

IR AL ARTÍCULO: Sanar un mundo herido desde nuestras comunidades: Reflexionar y rezar sobre el regalo de la creación

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pedro

Pedro Jiménez

Biólogo y cura Adsis

La Teoría del todo, por Peio Sanchez

“El diálogo entre ciencia y fe está enmarcado en la historia del amor que vence la diferencia”

(Peio Sánchez).- Una película romántica sobre la vida del conocido astrofísico Stephen Hawking, genial y probablemente oscarizado Eddie Redmayne, y su relación con su primera esposa Jane Wilde, estupenda también, Felicity Jones. Donde dos mundos antagónicos, él cosmólogo y ella estudiosa de la literatura medieval, él ateo y ella anglicana practicante, él desahuciado y ella aparentemente fuerte, logran fundirse en una bella, aunque un tanto simplificada, historia de amor.

Dos jóvenes e ingenuos estudiantes, un prematuro sabio despistado, y una estudiante de literatura, se conocen en una fiesta, donde a pesar de sus diferencias se enamoran. A los 21 años a Stephen le diagnostican ELA (esclerosis bilateral amiotrófica) con dos años de vida, Jane a pesar del pronóstico quiere a su prometido y deciden seguir adelante con su boda. Según avanza la enfermedad crece la familia que llega a tener tres hijos y la fama con el reconocimiento científico y público de Stephen. Pero Jane, a pesar de su fortaleza, siente el desgaste del cuidado de su esposo e hijos y se apoya en un joven músico de una iglesia anglicana. A partir de aquí comienza un juego de libertades que no renuncia al amor pero trasforma a las personas.

 

Peio Sánchez RodríguezCine Espiritual para todosSobre el Autor.

 

Presencia Adsis en Paso Carrasco

Los orígenes de la Comunidad de Paso Carrasco comienzan en 1992, cuando 6 hermanos inician la historia de Adsis en Uruguay… Paso Carrasco es una ciudad periférica de la capital, Montevideo.

Vivimos aquí 17.000 personas, de las cuales muchas deben viajar diariamente para estudiar o trabajar. Como ciudad dormitorio, por muchos años careció de servicios de todo tipo, pero en los últimos años esto ha ido cambiando pues han reabierto ciertas industrias y también se han ampliado otras. A pesar de esto, son muchas las familias que viven en asentamientos irregulares e inundables, sobre todos niños, niñas y jóvenes.

Cuando se “baja al barrio”, a tres cuadras de la casa, Paso Carrasco se sigue pareciendo a aquel de los primeros años del 2000. “Allá en el barrio” no se habla tanto del nuevo alumbrado público ni de cuánto demoran en cambiar las luces de los semáforos de la nueva avenida… “Allá en el barrio” la preocupación más inmediata es cuándo volverá a subir el arroyo, porque si sucede, habrá que levantar lo poco que se tiene para que no lo pudra el agua… También se habla de si será verdad que recibirán la casa tantas veces prometida… si es así, ¿cuándo?. Y mientras, el duelo de dejar el barrio, los vínculos, disgregarse, y empezar de nuevo.

Aquí está la Comunidad Adsis, también conocida como “la casa de la parroquia” o incluso “del cura” para disgusto de algunos. La casa, el templo y los salones componen una pequeña manzana. En los salones funciona un proyecto en convenio con el Estado donde se desarrolla una propuesta socioeducativa para niños de edad escolar. Este proyecto lo lleva adelante la Comunidad hace casi 20 años. Lo que allí sucede: gritos, risas y cantos… se puede escuchar sin esfuerzo en la casa, que está al lado.

Hace 3 años, el Estado Uruguayo decidió que junto al “barrio”- zona regularizada pero igual eventualmente inundable- funcionaría un proyecto socioeducativo dirigido a la primera infancia. Se solicitó a Adsis su gestión. Lejos estábamos de querer ocupar lugares de gestión de servicios pero luego de un proceso de discernimiento con amigos y vecinos, que supuso un tiempo de diálogo, de acuerdos y desacuerdos… se aceptó el desafío. Muchos logros y nuevos retos están a la vista.

Los sábados también se realiza voluntariado con jóvenes que se vinculan con el barrio en actividades dirigidas a la recreación y desarrollo personal de niños y adolescentes de por acá. Estas experiencias han cambiado mucho, están en constante revisión, pero de una u otra forma, son tan antiguas como la llegada misma a “el Paso”. La imagen de “movimiento”, en Adsis, nos presta una idea clara de algo que nunca es estático.

A pesar de que estos dos proyectos “institucionales” al servicio de niños, niñas y sus familias, con frecuencia empobrecidas, atraviesan las apuestas comunitarias, queremos ser ante todo, vecinos:

Vecinos de la doña que nunca falta a misa los domingos y comparte su experiencia de fe sencilla y humilde pero profunda al extremo, esa que nos conmueve al decir “mujer, qué grande es tu fe”.

También cercanos a la vecina umbandista siempre dispuesta a compartirnos su cosmovisión y poniéndonos al día de los acontecimientos de la cuadra al igual que cuidando que estemos bien.

Vecinos de las otras organizaciones e instituciones barriales (educativas, sindicales etc) con los que codo a codo intentamos sentirnos parte de un colectivo más grande.

Vecinos también de quienes con frecuencia golpean nuestra puerta. Muchos cuentan sus historias desesperadas y piden dinero, otros llaman para entablar una charla y obtener una mirada. La excusa…¡pedir un poco de yerba para el mate!… y se van más aliviados.

Y al caer la noche, en casa, también nos hacemos vecinos compartiendo en la oración tanta vida, tanta invitación de Dios a estar disponibles para otros. Disponibles junto con otros sedientos que se acercan a compartir la Palabra y vibran por seguir buscando y ofreciendo la fuente.

Desde esta misma identidad, la de ser vecinos, es donde nos encontramos con los diversos rostros de Jesús que a veces nos pide agua junto al pozo y otras nos sana heridas profundas. Y este es un aprendizaje que nos enseñamos unos a otros, donde “el Paso” de Jesús avecinándose, necesariamente, se vuelve un Paso colectivo.

Daniel Gerarhd – Comunidad Paso Carrasco – Uruguay

«Con el voluntariado te das cuenta de que mucha gente lo está pasando muy mal» Cristina Soto Fundación Adsis

Cristina Soto tiene 21 años. Estudia Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universitat de València y es voluntaria de la Fundación Adsis. Además, también colabora con la asociación ‘Tots junts podem’ de ayuda a familias de jóvenes con discapacidad.

Cuando relata su implicación en todas estas iniciativas deja muy clara la importancia que para ella tiene el compromiso que ha adquirido con el voluntariado, con la acción social. Tanto que no duda en recomendar «el voluntariado a todo el mundo» porque supone una «buena experiencia para darte cuenta de lo que está sucediendo, de que hay gente que lo está pasando muy mal».

A través de la Fundación Adsis Cristina ofrece su colaboración al Centro de Día Taleia en la avenida de la Plata, donde un grupo de voluntarios desarrolla el programa ‘Cadena de favores’.

El objetivo fundamental que persiguen, señala Cristina, es conseguir «transmitir valores» a los pequeños que participan en la iniciativa, algo que para ella es importante porque «el hecho de poder transmitir valores, ayudar a una persona, te hace dar un sentido distinto a tu vida».

La implicación de esta joven universitaria con la acción social no se limita a las iniciativas del centro Aleteia. Cristina también colabora con ‘Tots junts podem’. Aquí el objetivo es echar una mano a jóvenes con discapacidad intelectual a través de programas para el tiempo libre. Con ello quieren favorecer «su adaptación», apunta Cristina.

Siempre encuentra tiempo para cumplir con el compromiso adquirido con el voluntariado, una actividad con la que ha descubierto que «te ayuda a ver la vida con otra perspectiva, no sólo con la que tenías».

Si quieres ser voluntario de Fundación Adsis pincha aquí.

El decálogo del decrecimiento

Muchos españoles escuchan el pronóstico de un aumento del PIB como quien pone el termómetro para saber la temperatura de su felicidad. Pero diversas corrientes del pensamiento cuestionan que el tan traído y llevado crecimiento vaya a traer el bienestar prometido. Las voces que así lo defienden han sido reunidas en el libro El decrecimiento, un vocabulario para una nueva era, editado por investigadores del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals (ICTA-UAB). Medio centenar de textos hilvanan las ideas de quienes confían más en una disminución regular y controlada de la producción para asentar un nuevo paradigma de la prosperidad.

Los investigadores (economistas, sociólogos…) cuestionan el mantra de que el hombre sólo se mueve por el egoísmo y su interés, y que para canalizar la felicidad no hay alternativas a los cimientos éticos actuales. “Ha habido culturas antiguas basadas en las ideas de regalo, el donativo y intercambio”, dice Federico Demaria, uno de los coordinadores.

La conclusión es que las limitaciones que impone un mundo con recursos naturales finitos deben ser asumidas aplicando criterios de equidad y de reducción de la huella ecológica.

El diagnóstico es que se vive un estancamiento sistémico. “Nos habíamos endeudado para crecer y ahora hay que crecer para pagar la deuda. Hay que salir de esta lógica perversa”, dice David Llistar, experto en ecología política. “Todo el país se verá obligado a trabajar mucho más para pagar esa deuda, y en el intento de acelerar la economía se eliminarán estándares ambientales”, alerta Llistar para pedir que se reexamine esta deuda.

Demaria dice que el crecimiento “es insostenible, indeseable y quizás imposible”, por lo que la solución es repartir la riqueza y centrar las políticas públicas de bienestar, justicia social y sostenibilidad ecológica. El libro -que será traducido del inglés al castellano en abril por Icària- alienta un cambio de valores que puede resumirse en este decálogo.

Indicadores de progreso
Medir la riqueza de un país mediante de la contabilidad del Producto Interior Bruto presenta muchas carencias. El PIB no distingue entre buenas y malas prácticas o actividades. Si se compra una bicicleta, contribuye al PIB; y si hay un vertido de petróleo que los contribuyentes tienen que pagar para limpiarlo, también contribuye al PIB. La guerra, el crimen o la destrucción del medio ambiente engordan también el principal indicador de progreso. Ni provee información sobre la distribución de los ingresos. Tampoco tiene en cuenta los beneficios de la actividad benéfica, el trabajo doméstico o las prestaciones sociales que efectúan los voluntarios, porque no hay intercambio de dinero por medio. El senador Robert F. Kennedy fue particularmente crítico con esta contabilidad, y alertó en 1968 de que el PIB “no mide ni nuestra virtud, ni nuestro coraje, ni nuestra inteligencia ni nuestro aprendizaje, ni nuestra misericordia ni nuestra devoción a nuestro país. Mide todo al detalle, excepto lo que da verdadero sentido a nuestra vida”.

Corrientes ecologistas
Tres corrientes ecologistas se entrecruzan en el camino del decrecimiento. Los partidarios del culto a la conservación prístina de la Naturaleza valoran la protección de las especies, los servicios ambientales y la importancia de la biodiversidad sobre la que se asienta la vida. Otros ven el santo grial en el manoseado concepto de sostenibilidad que busca un desarrollo sin dañar el medio ambiente, pero avala la optimización del capital natural (con tasas, cuotas, permisos para emitir gases) y ha llevado al altar la cultura de la suficiencia (producir más con menos recursos o energía). Pero los decrecentistas lo cuestionan. Dicen que no hay crecimiento sostenible. Que eso es un oxímoron. El tercer mantra sería la justicia ambiental, que recuerda el conflicto entre quienes obtienen ganancias y los que sufren sus daños ecológicos, los pobres de los países en desarrollo: indígenas contaminados por la extracción de crudo, residentes junto a fábricas químicas o la población vulnerable al cambio climático. Lo dice el economista Joan Martínez Alier.

Límites al crecimiento
Admitir los límites del crecimiento (no puede haber crecimiento infinito en un mundo con recursos finitos) es más que un corsé ecológico. Es un imperativo moral. “Lo que sostiene el deseo de crecimiento en naciones ricas es el sueño de un acceso a bienes exclusivos que marcan estatus”, dice Giorgos Kallis. Desde este universo de valores, todo el mundo querría tener en teoría un Ferrari; pero en el caso de que fuera posible sortear la limitación de reservas de petróleo o del cambio climático, si todo el mundo tuviera un Ferrari socialmente tendría el valor de un coche de masas, y ya no haría feliz a nadie, dice Kallis señalando el camino equivocado. El hombre siempre ha buscado acceder a los bienes exclusivos (una casa junto al mar, una joya cara…), pero sólo ahora el capitalismo ha liberado plenamente esta pulsión, que antes estaba confinada por las ataduras de costumbres o la religión.“La insatisfacción puede tener raíces psicológicas, pero ha sido el capitalismo el que la ha colocado en base psicológica de una civilización”, dice Kallis.

Cuidados
Giacomo d’Alisa comparte el cuidado de los hijos en horario extraescolar con otros padres, de manera que a él le toca un turno cada mes. Este es un ejemplo de la ingente cantidad de horas y dedicación que la sociedad destina a las tareas de sustento, reproducción o relaciones sociales que no encajan con la idea de productividad. Sólo se valora lo que tiene una remuneración. El ecofeminismo calcula el tiempo que la mujer dedica a que el marido esté en perfecto estado de revista para ser productivo cada día (tareas de hogar, planchado…), cuestiona así un patrón laboral que hace invisible costos de producción que son transferidos a la mujer o a la naturaleza. Amor, amistad o compromiso requiere reciprocidad, y eso los hace frágiles, y escapan a la lógica del mercado. “Una sociedad centrada en los cuidados allana el camino al decrecimiento. Ayuda a la equidad entre géneros al repartir el trabajo, valora el cuidado en el bienestar personal y de la familia; permite repartir el trabajo”, dice Giacomo d’Alisa un día que no le toca turno con niños.

Prosperidad sin crecimiento
Hay que dejar de vincular el desarrollo con el derroche de materiales: dar un respiro al planeta, optar por servicios que dejen poca huella ecológica. Es la receta para poner a dieta la economía y tener un planeta en forma: consumo light de materiales, empleos bajos en CO2 y servicios sociales y de salud. Tim Jackson (Prosperidad sin crecimiento) desentraña las ineficiencias de un sistema económico cuya búsqueda de competencia genera paro a granel y en donde la eficiencia energética (lograr más riqueza con menos energía) se dilapida en un planeta más poblado, pautado con modelos opulentos y oscurecido con vuelos baratos a todas partes. El motor de la reactivación no tiene que ser el consumo ni el endeudamiento. El gen del florecimiento humano está en las actividades locales (los servicios sociales sanitarios, educativos, personales): “Proyectos energéticos comunitarios, mercados de agricultores locales, cooperativas slow food, clubs deportivos, bibliotecas, centros comunitarios de salud y fitness, servicios locales de reparación y mantenimiento, talleres artesanales, música y teatro, habilidades diversas, y, quizá, yoga, peluquería u horticultura”. Es la economía Cenicienta (o Nueva Economía), hasta ahora relegada, pero con la que “la gente alcanza mayor bienestar y plenitud”.

Aparatos para convivir
Federico Demaria pasa las fiestas navideñas con su familia en un pueblo cerca de Turín. Se han reunido para preparar la pasta rellena de verduras (ravioli) con una pequeña máquina que hace las delicias de tres generaciones. Todos cuentan sencillas experiencias en torno a este artilugio convivencial compartido con los vecinos. “Las máquinas sencillas permiten una relación a escala humana y fomentan las relaciones. Si se rompen o se estropean, se pueden arreglar. Nos ayudan a ser autónomos. La escala pequeña las hace más democráticas”, dice Demaria. En cambio, la producción industrial ha arrebatado al ciudadano la libertad de producir sus bienes o de compartirlos al margen del mercado. Y ha creado máquinas que se anteponen a sus necesidades, programadas para quedar obsoletos en tiempo récord. La bici, la lavadora, el móvil o la radio son máquinas convivenciales, pero no las autopistas, los aviones o las nucleares. Megaproyectos como el almacén de gas Castor, tecnificados y vinculados a monopolios, se escapan al control ciudadano.

Felicidad
El crecimiento económico “no sólo es insostenible, sino que no trae más felicidad”, dice Demaria. Cubiertas las necesidades básicas, los asuntos no monetarios (salud, relaciones, familia…) tienen más peso en la felicidad que los valores pecuniarios. Por eso, un declive del consumo no tiene necesariamente que tener efectos negativos en el bienestar, dice la investigadora Filka Sekulova (Icta, UAB). Reducir la jornada laboral y el trabajo compartido genera una vida más satisfactoria (tiempo para actividades asociativas, recreativas….). Pasar muchas horas en un vehículo motorizado causa un efecto añadido de infelicidad mientras que la degradación ambiental y las desigualdaes alteran el bienestar. Viajar en transporte público o trabajar cerca de casa reduce la insatisfacción. Prohibir la publicidad en los espacios públicos tiene sus defensores, y se ha hecho en São Paulo o Grenoble. Las personas con mayores niveles de materialismo y que ponen más énfasis en su seguridad financiera están menos satisfechas con su vida.

Descolonizar el imaginario
“Pensar que el único objetivo de la vida es producir y consumir más es un absurdo; una humillante idea que debe ser abandonada”, dice Cornélius Castoriadis. Por eso, el pensador francés Serge Latouche aboga por descolonizar el imaginario colectivo, que ha puesto la expansión de la producción y el consumo en el centro de la vida humana. El anhelo de ambos es una sociedad en la que los valores económicos no sean el pivote central (o único), sino que un simple medio para la vida humana, y no un fin último al que todo se sacrifica en un alocada carrera hacia un consumo mayor. “Todos queremos tener un poco más el año próximo. Pero nadie se cree que la felicidad resida en que el consumo crezca el 3% anual”, añade Castoriadis. Los decrecentistas denuncian también la agresión de cierta publicidad como vía de esa ideología que Castoriadis llama “consumerismo y onanismo televisivo”. Latouche usa el concepto descolonizar sabedor de que para el hombre occidental sugiere una invasión mental. En la que todos somos víctimas y agentes.

Simplicidad
Vivir bajo criterios de simplicidad no sólo es minimizar la generación de residuos y el agotamiento de recursos. También alude a una buena vida: aquella que procura unos estándares de vida suficientes a cambio de destinar más tiempo a satisfacer las necesidades no materiales: la familia, proyectos artísticos o intelectuales, autoproducción, compromisos sociales, participación política, relajación, exploración espiritual, búsqueda de placeres y otras actividades que se relacionan poco o nada con el dinero. Se puede ser libre, feliz y tener vidas diversas sin consumir más que una parte equitativa de la naturaleza, dice Samuel Alexander. “Endeudarse por cosas superfluas es una locura. Cuando te endeudas le das a otro el poder sobre tu libertad. Preserva tu libertad y mantén tu independencia. Sé frugal”, aconsejó el político e inventor Benjamin Franklin. Modernos movimientos (ciudades en transición, ecocomunidades, permacultura…) también defienden un modo de vida menos consumista y con un uso menos intensivo en energía.

Compartir, renta mínima
Compartir es el verbo clave. Compartir trabajo es una respuesta a la mayor productividad de la tecnología digital y, además, permite que haya más población empleada. Reducir la jornada laboral es otra idea puesta sobre la mesa. Jornadas laborales demasiado prolongadas están asociadas a un mayor crecimiento de la producción y consumo, lo que significa más agotamiento de recursos, más contaminación y más huella ecológica. En cambio, más tiempo libre favorece modos de vida con menos impacto ambiental, según la socióloga norteamericana Juliet B. Schor. Los partidarios del decrecimiento defienden una renta básica mínima para garantizar que todo el mundo tenga lo suficiente para vivir dignamente o para cuando los ingresos están por debajo del nivel de subsistencia. En el otro extremo, se aboga por fijar un techo máximo legal para los ingresos. Compartir la vivienda con cooperativas de usufructo es también la solución defendida, para superar la dicotomía vivienda pública/privada, y sus carencias.
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