Propuestas desde Taizé

Primera propuesta : Compartir con los que nos rodean el entusiasmo por la vida.

 « Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? » (Mateo 5,13)

Ser sal de la tierra es un don de Dios que queremos acoger con alegría. Al ser sal de la tierra, podemos comunicar un entusiasmo por la vida. Y cuando hacemos la vida hermosa para los que nos son confiados, nuestra vida adquiere sentido.

Si, dada la gran cantidad de obstáculos, nos preguntamos: “¿Por qué seguir luchando?” Debemos recordar que sólo un poco de sal es suficiente para darle sabor.

A través de la oración, aprendemos a mirarnos a nosotros mismos como Dios nos mira; Dios ve nuestros dones, nuestras capacidades.

No perder nuestro sabor significa comprometernos en cuerpo y alma, y confiar en los dones de Dios en nosotros.

  • ¿Podemos buscar, para nosotros mismos y para los demás, lo que nos hace crecer y nos lleva a realizarnos?

Segunda propuesta : Comprometernos con la reconciliación

« Cuando estás presentando tu ofrenda en el altar, si te das cuenta de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí y ve primero a reconciliarte con él o ella. » (Mateo 5, 23-24)

En todos nosotros existe la aspiración a vivir juntos como una familia humana, pero eso no sucede por sí mismo, ni en una familia, ni con amigos, ni en nuestras ciudades y pueblos, ni entre naciones.

Cuando los cristianos se reconcilian, se convierten en un signo en el seno de una humanidad que busca su propia unidad.

Hay situaciones en las que la reconciliación es urgente. Para comprometernos con esto, tenemos que entender los miedos que aprisionan a otros en los prejuicios. También debemos darnos cuenta de que otras personas pueden tener algo en contra de nosotros.

El Evangelio nos llama a no transmitir a nuestro alrededor o a la próxima generación los resentimientos heredados del pasado.

 

  • ¿Podemos atrevernos a fomentar encuentros entre personas que no comparten las mismas ideas, el mismo estilo de vida o la misma religión, que no provienen de la misma cultura o el mismo origen social? ¿Podemos llegar a conocernos unos a otros, invitarnos unos a otros? ¿Podemos encontrar la valentía para pedir perdón y perdonar?

Tercera propuesta : Trabajar por la paz

 « Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios » (Mateo 5, 9)

La paz es más que la ausencia de conflicto. Es la felicidad; le da a cada uno el lugar que le corresponde; es la plenitud de la vida. Cuando acogemos la paz de Dios en nosotros, se extiende a los que nos rodean y a todas las criaturas.

El deseo de paz hace que nuestro corazón sea más comprensivo y lo llena de compasión por los demás. Se expresa en una actitud de hospitalidad y amabilidad en nuestras familias, en nuestros barrios, en nuestras actividades diarias.

La paz es también la causa de la justicia a un nivel más global. En las sociedades donde el lujo y la pobreza conviven, ¿deberíamos sorprendernos de que surjan diferentes formas de violencia? Compartir la riqueza alivia tensiones y es una importante contribución al bien común. Algunas personas se comprometen a promover la paz aceptando responsabilidades en la vida pública de su país – en una asociación, en sus negocios, sirviendo a personas con necesidades especiales.

 

  • ¿Podemos ir hacia alguien para quien no hay paz ? ¿Cómo podemos estar particularmente atentos a los migrantes ? ¿Podemos discernir las situaciones de injusticia y dar protección a las personas vulnerables? ¿Podemos identificar las formas modernas de esclavitud? ¿Podemos unirnos a otros para orar por la paz, por ejemplo permaneciendo en silencio todos los domingos por la noche durante media hora?

Cuarta propuesta : Cuidar nuestra tierra

« Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. » (Mateo 5, 5)

Los mansos son aquellos que no se imponen. Dejan espacio para otros. No monopolizan la tierra. La mansedumbre no es resignación, sino el dominio de los impulsos violentos dentro de nosotros.

La tierra no es nuestra. Se nos ha confiado; estamos llamados a cuidar de ella. Los recursos de nuestro planeta no son ilimitados. Tenemos el deber de solidaridad entre las personas y los pueblos, y con las generaciones futuras.

Es necesario encontrar un buen equilibrio en nuestra forma de consumir y utilizar los recursos naturales, entre las necesidades básicas y el deseo de tener siempre más.

Para encontrar un estilo de vida que permita el desarrollo sostenible, se requiere toda nuestra imaginación y creatividad. Deben utilizarse en la vida diaria, y para estimular la investigación científica, la inspiración artística y la invención de nuevos proyectos para la sociedad.

  • ¿Podemos examinar la forma en que vivimos y tratar de simplificar lo que puede ser artificial y lo que es excesivo? Simplificar nuestras vidas puede ser una fuente de felicidad. ¿Cómo podemos abrir espacios para compartir? ¿Qué podemos dar y recibir? No debemos olvidar alabar a Dios por la creación. Para esto, son esenciales momentos de descanso y contemplación.

Pedro J.

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Pedro Jiménez

Biólogo y cura Adsis

Silencio y vida quizás crezcan juntos

La primavera europea se acerca y todo se llenará de bellos sonidos (Escucha el magnífico trabajo de Carlos de Hita en el siguiente vídeo y consulta su web aquí)

Escuchar es la clave, pero para ello hace falta silencio, ¡cuánto molesta el pitido de un móvil en un concierto, en una celebración litúrgica, en un hospital, en medio del bosque!

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La vida crece en silencio (ya decía Jesús, la semilla crece mientras el campesino duerme, sin que él sepa cómo). Sería bueno buscar un poco de silencio para admirarla… que se lo pregunten sino a los peregrinos jacobeos…

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Hay infinito modos de salir de lo urbano, aunque también hay quien vive el silencio en medio de la ciudad (ver http://www.amigosdeldesierto.org promovido por Pablo d’Ors).

Nosotros como Adsis tenemos varias casas disponibles en España ¿las conoces? Sería bueno darles ese carácter también terapéutico, de descanso sanador de lo psico-espiritual… Ya Dios si quiere se nos hará presente por allí…

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Por cierto, los japoneses ya hacen terapias de pasear por el bosque, prescritas por el médico (se llama shinrin-yoku o también “baño de bosque”).

Y siempre el yoga en el campo fue gozoso…

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Casi todos los monasterios contemplativos eligieron la Naturaleza como ámbito de su vida escondida y silenciosa, profunda y trabajadora. Se dice que los benedictinos quedaron en la montaña y los trapenses en los valles…. Desde luego Subiaco, donde San Benito empezó todo eso, es un bosque fantástico (a sólo una hora de Roma). En España, el Desierto de las Hurdes (se llama así el monasterio) dicen que es una maravilla…

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En fin, animémonos a silenciarnos y dejar que aflore lo bueno y bello, que suele estar en contacto con la Creación (somos criaturitas, altivas pero criaturitas).

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(Chicos/as, dejadme que os meta aquí….para que se vea la casa Adsis de Azkárate también….).

Para terminar,… os animo a leer en mi siguiente entrada estas bellas ideas desde Taizé.

Pedro J.

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Pedro Jiménez

Biólogo y cura Adsis