Crónica sobre Basida

Y por fin, llegó el día de ir a Basida, ese lugar sobre el que tanto habíamos oído, pero no éramos capaces de imaginar cómo era exactamente por más que nos explicasen.

Nuestra historia allí empezó a la hora de la comida; ¡Benditas comidas!, no podían estar mejores. El primer día fue duro, éramos unos intrusos conviviendo con gente a la que de momento desconocíamos, adaptándonos un horario muy estricto pero que a la larga sentimos que era necesario para mantener el orden.

Superado el primer día y habiendo pasado las primeras vergüenzas, todo fluía más y mejor. A pesar del gran calor que hacía, el ritmo de la casa no paraba y había que hacer todos los trabajos, y menos mal, fue el primer gran contacto con ellos. No se puede decir que no compartiésemos tiempo con todos los que allí vivían; si no te había tocado la misma tarea con una persona, ya compartías con ella una conversación de sobremesa que a lo largo del día había unas cuantas y menos mal. Y poco a poco pasaban los días e ibas sintiéndote un poco menos extraño y uno más de la casa hasta llegar el sábado, último día allí, últimos momentos y las despedidas con ganas de volver a nuestras vidas pero también planeando volver para ver.

Pero antes de volver estábamos en marcha hacia «El pajarón» para poder reflexionar sobre la experiencia y nuestra vida, un punto y final muy  acorde a todo lo que habíamos vivido, se necesita tiempo para poder darte cuenta de todo lo que se vive en una semana en Basida