Creo que he visto una luz.. al otro lado del río.

Entre mares y ríos nos movimos. El encuentro lo abrió la Palabra: “Hemos remado toda la noche, y no hemos pescado nada”. Partimos de las dificultades que los agentes de pastoral participantes habíamos detectado en los procesos con jóvenes, tanto para iniciar y continuar procesos como para realizar el anuncio explícito de Jesús a los jóvenes.

Con ellas en las manos, Juan Carlos García Domene, sacerdote diocesano, miembro del Seminario permanente del Foro Ignacio Ellacuría y profesor asociado de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad y del Instituto Teológico San Fulgencio de Murcia, fue dibujando un panorama en lo cultural y eclesial adornado con múltiples grietas.

Desplegó un mapa lleno de fisuras, que añadía aún más dificultades a las que nosotros llevábamos, nos colocó en nuevos areópagos, en los que ni siquiera es nuevo lo que llevamos, ni los jóvenes van porque tengan algún interés y donde manda el primado de la emoción, más difícil que el primado de la razón de los tiempos de Pablo. Ponía así en boca de los jóvenes el estribillo de Melocos: “Cuando tenga valor para hablar diré que tengo miedo de vivir sin volver a escuchar cómo suena un te quiero…”.

…Porque: difícil ≠  imposible, somos mucho más que dos, somos capaces de expresar lo que somos, la música de la fe empieza desde el primer compás y las grietas que quedan entre las vivencias de la noche, la movilidad, el cuerpo, el sexo, el consumo o el renacer de lo religioso, permiten abrir caminos hacia el encuentro con Dios. Son ambivalentes y contradictorias, y con eso jugamos.

Y además nos dio algunas claves teológicas:

Tenemos un Padre que espera desesperadamente.

La gracia hace su parte, solo hay que dejarle su espacio.

La palabra tiene fuerza, y ellos necesitan palabras, y la Biblia es una fuente inagotable de historias compartidas.

Somos hermanos, sin complejos ni pretensiones.

Y los pobres son el rellano de la escalera en el que nos podemos encontrar todos.

Tras una tarde de trabajo por talleres, a cada una de las dificultades se le emparejó un reto esperanzador: Al final de la tarde la oración nos anunciaba una Palabra más esperanzadora… “Boga mar adentro y echa las redes de nuevo”…y de fondo Jorge Drexler viendo luces “al otro lado del río”.

Este artículo es un extracto
Pertenece al Testimonio Elaborado por Begoña Gómez. Septiembre 2010. Revista Presencia.

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