Entrevista a Fermín Marrodán

 Apenas han pasado 4 meses desde la IX Asamblea General, en la que fuiste elegido Moderador General para los próximos seis años. ¿Qué recuerdo tienes de aquellos días?

Fueron días especiales en los que se notaba un gran deseo de renovación y de confluencia, donde nos abrimos juntos al Espíritu y pedimos con insistencia su luz. Algo pasó en esos días, que no podemos explicar del todo, y que nos contagió ilusión y esperanza.  

Fue una Asamblea distinta, muchas partes del trabajo duro se habían dejado en las fases previas, y eso facilitó que hubiera otros espacios para la reflexión, la celebración y el debate. Muchos asistentes coincidieron en el ambiente especial que se creó, y en la conexión entre todos, a pesar de las diferencias y distintos pareceres. ¿Fue así tu experiencia también?

Yo lo viví como una experiencia de comunión especialmente intensa y nueva, donde se constató la riqueza y pluralidad de hermanos, de procedencias y modos de ser Adsis. El lema y todo el trabajo previo nos predispuso a vivir la experiencia de que algo nuevo estaba aconteciendo. El ambiente de fraternidad, de compartir tanta vida y presencia en diferentes lugares, nos fue uniendo en la búsqueda y el discernimiento, e hizo que la dinámica de la Asamblea se desarrollara en buen clima de diálogo y construcción participativa. 

Han pasado apenas cuatro meses desde aquella elección, ¿qué pensaste en el momento que fuiste elegido?,… y ¿qué sensación tienes ahora, después de estos primeros meses de Moderador General?

Procuré prepararme para ese momento, pues el sondeo realizado un tiempo atrás hablaba de esa posibilidad. Por ello recé para acoger el resultado de la votación, tanto si era elegido como si no lo era, como voluntad de Dios. Pensaba que lo que saliera iba a ser bueno para el Movimiento. Sentí en ese momento una gran confianza y apoyo de los hermanos y un profundo deseo de responder con todo lo que soy, lleno de fuerza e ilusión.

Después de estos meses tan intensos, sigo pensando y sintiendo lo mismo. Evidentemente ahora con más calma, y con la certeza de que Dios nos habla e impulsa a una vivencia gozosa y entusiasta de la vocación.

Te está suponiendo asumir la mayor responsabilidad en esta nueva etapa en el Movimiento, ¿serán tiempos nuevos como decía el lema de la Asamblea?

Claro que es una responsabilidad grande, y que supera mi capacidad pero me siento  llamado a servir a una renovación que ya se está dando, en la que Dios hace nuevas muchas cosas. Y estoy cierto de que seguirá impulsando lo nuevo con la creatividad de su Espíritu. Todos estamos llamados a colaborar en esa gestación y esa tarea es algo que me ilusiona mucho. Para mí significa creer en un mundo nuevo, en unas relaciones nuevas, en una justicia que nos pone a todos en nuestro lugar: ser hijos e hijas de Dios.

¿Siguen siendo hoy, igual que en los orígenes, los pobres y los jóvenes el espacio privilegiado donde está el Movimiento?

Sin duda que los pobres y los jóvenes son el espacio privilegiado de Dios, desde el que nos llama a un encuentro creativo de fraternidad y solidaridad. Es en ellos y con ellos donde Dios hace algo nuevo, y, por tanto, estamos desafiados a realizar un movimiento de urgencia y acción con ellos. Así también, desde unas relaciones abiertas y entrañables con los jóvenes y los pobres, construiremos fraternidades nuevas. Percibo que Dios nos  llama a renovar la presencia, ese espacio privilegiado donde acontece el Reino.

Te vimos en la Asamblea dialogando con Gonzalo desde el día siguiente a tu elección. A pesar de la distancia, ¿os comunicáis frecuentemente?, ¿Te ha dado algún consejo?

Con Gonzalo tenemos muy buena relación fraterna, nos une la fidelidad y entrega al Movimiento, y hemos compartido mucho en el Consejo anterior. Ahora Gonzalo disfruta de un tiempo de descanso, estudio y oración, antes de trasladarse a su nueva comunidad y misión; y yo procuro respetar ese espacio tan merecido, que requiere una sana distancia. En todo caso seguimos en comunicación cercana y fraterna, acompañando el momento de cada uno. Y cuando le pregunto por algún asunto, me expresa su opinión con normalidad, respetando lo que yo haga.

No deja de admirarme la naturalidad con la que hemos hecho los relevos en el servicio a la comunión general en el Movimiento. Es un signo de fraternidad.

     

     

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