Entrevista a Fermín Marrodán (parte B)

¿Cuál es la foto fija hoy del movimiento? ¿Dónde está Adsis?

Somos un Movimiento que ha vivido de una alta exigencia, un modelo de vida marcado por la radicalidad, el liderazgo, la valía, un modo de ser idealizado.  Hoy vivimos con intensidad la experiencia de limitación y fragilidad, somos algunos menos y más mayores, menos “fuertes” y más condicionados. Somos personas más probadas a través de diversas crisis, con más experiencia de fe, que queremos seguir abriéndonos al Espíritu y acoger los cambios que sean necesarios

Somos un Movimiento que sigue buscando ser fiel a su carisma de Presencia, que, más allá de inercias y rutinas, desea renovarse desde ella y resituarse ante la realidad tan cambiante e injusta del mundo de hoy; que quiere seguir haciendo “Cuerpo de Cristo” con los jóvenes y los pobres para impulsar opciones audaces y proféticas. Hoy el Movimiento, cada hermano, necesita recuperar la capacidad de ilusión, de riesgo, de pasión.

Si nos trasladáramos a 2019, ¿Cómo sueñas que es el movimiento Adsis?

Veo un Movimiento que se ha dejado transformar y llevar por el impulso, la sorpresa y la novedad del Espíritu; que vive inmerso en la realidad del mundo de hoy, compartiendo el grito y la lucha de los pobres y los jóvenes, siendo fermento del Reino junto a otros muchos. Sueño con un Movimiento que ha realizado signos proféticos de presencia audaz con jóvenes y pobres y  que al mismo tiempo vive la realidad limitada y cotidiana como permanente ocasión para acoger y celebrar tantos gestos evangélicos.

Veo hermanos y hermanas apasionados por Jesús, entusiasmados por anunciarlo y ser sus testigos; veo hermanos agradecidos y generosos, que no viven del cálculo ni de la búsqueda de seguridad, sino de la confianza y el atrevimiento.

Me imagino comunidades plurales, donde se viven relaciones nuevas, abiertas y acogedoras, donde se contagia el evangelio y se celebra la Vida; comunidades donde reina la alegría y el compartir sencillo con la gente, donde se valora al más pequeño y al diferente. Me imagino que han pasado seis años y que vivimos la Presencia como un verdadero acontecimiento de amor comprometido, que nos moviliza y urge permanentemente.

Derivado de lo acontecido en la Asamblea, ¿cuáles son los principales retos con que nos encontramos hoy como movimiento?

Para mí el principal reto o desafío es impulsar y desarrollar el dinamismo del Espíritu vivido en la Asamblea, revitalizando las comunidades para ser presencia de fermento y convocante. Algo que sólo será posible si nos situamos al lado de tantos pobres y jóvenes que luchan por un mundo distinto.

Un dinamismo que sólo se recibe si “volvemos” a Jesús y a la fuerza de su Palabra, que fecunda y revoluciona la mentalidad, que sacude toda inercia y conformismo. Un dinamismo que genera una nueva actitud y práctica evangelizadora al estilo de Jesús, que no deja de hacerlo habiendo tantos pies que lavar o dolores que aliviar.

Y en función de ese dinamismo de presencia, recrear las comunidades y la comunión Adsis, haciendo posible nuevas apuestas desde la corresponsabilidad y disponibilidad de todos.

 

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