La opinión de dos asambleístas.

Javier Illarramendi

Javier Illarramendi

Hermano de Adsis Asturias

 Disfrutando de la Asamblea.

31 de julio 2013. Pedro Antón da por concluida la IX Asamblea General Adsis. Aplausos. Mientras recojo me pregunto: ¿qué ha acontecido, que he vivido en estos días? Algunas sensaciones, ideas, reflexiones, brotan sin orden:

• Experiencia profunda de comunión, de fraternidad, de conocer y disfrutar de los hermanos, de sentir que navegamos en la misma barca y que Dios navega con nosotros.

• Agradecimiento al Señor por la vida de los hermanos que han servido al Movimiento y por la de los que ahora han acogido esa tarea de servicio a la comunión. Cuanta disponibilidad, fe, confianza en Dios, cariño a la vocación y a los hermanos.

• Dios está presente, vivo, movilizando el corazón de los hermanos y de las comunidades. “Creemos que, por iniciativa del Espíritu de Dios, ha nacido en nosotros una urgencia cristiana que nos impulsa a la acción”.

• Las comunidades están vivas, el Espíritu las dinamiza. Detrás de tantas fotos y videos vistos, ¡cuánta riqueza!, ¡cuánta disponibilidad!, ¡cuánta entrega sencilla y humilde!, ¡cuánta fe!. ¡Qué alegría!

• Una reflexión desde el encuentro con los hermanos latinoamericanos: “no puedo analizar, valorar, juzgar,…la realidad de las comunidades de Latinoamérica desde mi limitada mirada, desde mi pequeña experiencia europea y de comunidad”

• ¡Qué placer vernos, contemplarnos, escucharnos, compartir, abrazarnos, reírnos, decidir, rezar,…tantos hermanos conocidos y desconocidos, latinoamericanos, rumanos, italianos,…!

Hora de comer. Camino al comedor junto a los hermanos. El corazón late con fuerza y con emoción. ¡¡GRACIAS!!

 Javier Illarramendi

Mer Lekumberri

Mer Lekumberri

Asociada de Adsis Bilbao
 ¿Humano? ¿Divino?

Teníamos una vela encendida a nuestros pies, nos acercamos a la red y nos dejamos atrapar.

El silencio de la respiración lo llenaba todo. El silencio lo sentía Divino, globalizante, irracional; entretejía la Red. La Respiración, terrenal, humana y caliente.

Y después votamos. Votamos varias veces y no cansaba.

No he vivido nada parecido, no me he encontrado teniendo que tomar decisiones tan novedosas para mi crecimiento como cristiana en comunidad, como fueron las votaciones del moderador general y consejeros/as.

Las votaciones no ocuparon todo el tiempo de la asamblea, pero intuyo que emitieron “el tono” de la asamblea en todo su tiempo.

Cada uno de los asambleístas a mí me brilló con luz propia: aquel con el que compartí una charlita, una comida, un asiento contiguo, aquel que me dejó ver su vela encendida…

Los momentos asamblearios fueron sobre todo respetuosos, no se quiso apagar ninguna luz ni imponer un criterio; eso sí, convencer y contagiar con la pasión y fuerza que da una experiencia profunda de Dios y de la vida. Fue la Red. Allí, ya atrapados, algunos cedieron, otros se convencieron y todos confiamos.

Y las vivencias compartidas en palabras, en fotos, en video… la respiración:  los proyectos, los riesgos y los muchos aciertos de caminos iniciados, de puertas abiertas y de manos ofrecidas.

Gracias hermanos/as.

 Mer Lekumberri