Luz de Soledad

Santo María Soledad Torres fundadora de las Siervas de María, Ministras de los Enfermos, llega a las pantallas en una nueva propuesta del director mirobrigense Pablo Moreno. Nuevamente el Evangelio de los pobres encarnado en esta mujer sencilla a través de una película didáctica que consigue hacernos comprender, desde el buen hacer de un grupo de actores con Laura Contreras como protagonista acompañada por Elena Furiase, Raúl Escudero, Carlos Cañas y Lolita Flores, la fuerza de un grupo de mujeres que en el convulso siglo XIX se proponen vivir para los enfermos.
Pablo Moreno se ha venido en especializar en el género de vidas de santos. Ya sus inicios, en “Pablo de Tarso: el último viaje” (2010) enfrentó del difícil reto de plasmar la figura del apóstol de los gentiles en los orígenes cristianos. Los últimos proyectos han sido menos ambiciosos pero han dado mejores frutos. “Un Dios prohibido” (2013) es una película de encargo sobre los mártires claretianos de Barbastro. Supuso la implicación de un grupo de jóvenes actores en el proyecto y una mejora en la realización fílmica que supo sortear las limitaciones económicas con un buen hacer tras la cámara. La reciente “Poveda” (2016), en alguna medida hermana de la película que nos ocupa, ha resultado en su apariencia más humilde, un mejor ejercicio cinematográfico. La marca de la casa es una imagen cuidada en guiones educativos y con solvencia en la dirección de actores. Y en estas estamos.
En la actualidad un anciano enfermo, cascarrabias e imposible, mantiene en jaque a su familia. Su hija solicita la ayuda de una religiosa, sor Inés. Para calmar las tropelías de la fiera encamada la monja se vale como música de un texto en el que se narra la vida de la fundadora de su congregación. Lo que sirve de motivo para venir tras los pasos de la Soledad (Laura Contreras) que va madurando su vocación de servicio a los últimos asumiendo responsabilidades en una pequeña obra en el barrio de Chamberí de Madrid. Tras la iniciativa de un cura un tanto despistado, el Padre Miguel interpretado por Carlos Cañas, la religiosa abre camino a este grupo de servidoras entre oposiciones de dentro, Elena Furiase encarna a sor Magdalena, y de fuera en medio de tiempos revueltos y una iglesia poco edificante.
Estas películas de encargo realizan un buen servicio para presentar a fundadores bastante desconocidos, que con motivo de la producción cinematográfica llegan ser conocidos por un público religioso que accede a ellos con ganas. En este sentido deben aplaudirse las apuestas de congregaciones por actualizar y acercar su mensaje. En EEUU y en Italia este género tiene reconocimiento social y un público fiel. Entre nosotros el terreno no es tan fácil: la iglesia suele mover mal hacia las películas a sus fieles, el mundo artístico es distante cuando no opuesto a este tipo de propuestas y los medios son escasos hacen difícil las filmaciones históricas.
Sin embargo, “Luz de soledad” nos muestra que se puede realizar con dignidad y cubriendo objetivos este intento. A pesar del carácter humilde la producción es cuidada, hay rastros permanente de buen hacer y el conjunto encaja con interés. Los actores se comprometen con el proyecto lo que es un gran paso, y logran emocionar al espectador. El guión de Pablo Morero y Pedro Delgado sabe construir dramatismo para sostener el interés donde las exigencias hagiográficas hacen difícil los deslices de la protagonista. La música de Oscar Martin Leanizbarrutia y el montaje María Esparcia dan credibilidad a la historia.
Es un pequeño milagro que entre nosotros, con tantas circunstancias adversas (sin televisiones que inviertan, sin un nicho de público amplio, sin productoras fuertes que garanticen la distribución internacional) salgan adelante este tipo de proyectos. Productores (Goya), realizadores (Pablo Moreno y su equipo técnico), artistas (que aceptan películas contracorriente) han de ser felicitados.
Pero, aunque sea un sueño. ¿Sería posible superar el documental (Juan Manuel Cotelo) hacia una ficción inspirada? ¿Estamos en condiciones de aspirar a una distribución más internacional para sostener económicamente las películas (Pablo Moreno)?. No lo tiene fácil el cine religioso pero su presencia es importante en nuestro panorama cultural. Los estrenos recientes son un esfuerzo davídico que merece ser reconocido.

Peio Sánchez
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