Me uno a todos ustedes en un momento difícil, como es la pérdida de nuestra querida hermana Pili.  Comparto el dolor y la pena por su sorpresiva partida. Y al mismo tiempo miro este acontecimiento como parte de una vida intensa y gozosa, dedicada a hacer posible un mundo más justo y digno al lado de pobres y jóvenes, construyendo fraternidad y haciéndonos disfrutar de tantos momentos con su buen humor.

Miro la trayectoria de su vida y doy gracias por ella, por ser una mujer disponible y servicial, enamorada de Jesús y de la vocación Adsis; que, sin grandes discursos, a la hora de responder, siempre se fiaba de Dios y de los hermanos.

Cuando se le propuso dejar su tierra e ir a Ecuador, respondió con el texto elegido para su opción definitiva: “sal de tu tierra y de tu patria, a la tierra que yo te mostraré”.  No se lo pensó mucho y al poco tiempo partía para esta otra tierra que Dios le mostró, expresando con decisión: “no piensen que me voy mirando para atrás”.

Mujer de decisión y muy práctica, allí donde ha estado, lo ha dado todo con sencillez y trasparencia.

Doy gracias al ver en Pili una vida plena, que siguiendo a Jesús y fiándose de su amor encuentra ahora el abrazo del Padre y de tantos hermanos que le dan la bienvenida al banquete gozoso del Reino.

Que el testimonio de su vida nos anime a seguir firmes en el camino de la fe y de la entrega generosa siguiendo a Jesús; que estemos siempre abiertos a la sorpresa de la nueva tierra que el Señor nos ha prometido.

Gracias a todos ustedes por haber compartido estos años con Pili, por el camino de fe y fraternidad recorrido con ella, gracias hermanos por estar ahí y acompañarla en estos días. Que el Señor les colme de su paz.

Gracias inmensas  por tu vida, Pili. Unidos para siempre en el Señor.

Fermín Marrodán. MG Adsis