Colonias urbanas: una experiencia única

A pesar de “saber” a lo que iba, nunca me esperé que esta experiencia fuera así de única. Desde la organización de las actividades hasta la finalización con el “carnaval”, esos cuatro días que empezaban tempranito en la mañana con alguna dinámica de reflexión para nosotros los voluntarios y que terminaban tarde con los recuerdos de lo pasado en el día con los niños,  fueron inolvidables. Muchos de los voluntarios se conocían de antes, pero trabajamos en conjunto, sin dejar a nadie fuera, llegando a conocernos y forjando una fuerte conexión, lo que hizo que la relación entre todos nosotros fuera estupenda y que al fin y al cabo se traspasó a los niños.

Ver las caras de felicidad de los niños, y saber que lo estaban pasando bien, disfrutando y divirtiéndose gracias a nuestras actividades, juegos y los distintos talleres es algo impresionante. Todos estábamos ahí con gran entusiasmo para que esos pequeños pudieran pasar un buen rato, y lo logramos. Los talleres (Grafiti, Arte, Fotografía, Música y Teatro) se desarrollaron excelentemente y los niños los gozaron mucho, y pudieron exponer sus creaciones el último día en el “carnaval”. Lo mejor de todo fue que ellos eran los protagonistas e incluían sus propias ideas en las actividades. Estoy segura que conseguimos poner nuestro pequeño granito de arena en la vida de ellos y dejar una huella, al igual que ellos en nosotros.

Saber que no sólo ayudábamos a los niños sino también a sus familias es muy llenador. Siempre al final del día nos íbamos con la satisfacción que hacíamos felices a niños y adultos.

Creo que hablo por todos al decir que cuatro días se hicieron cortos. Y no sólo para los voluntarios, incluyo a los niños y sus familias. Me encantaba llegar a mi casa muy agotada, pero con un cansancio rico, con una sonrisa en la cara porque sabía que había hecho algo por alguien más y porque al día siguiente iría a hacer lo mismo. Recordaré por siempre las caritas de emoción y alegría de los pequeños, sus abrazos el último día, sus padres dándonos las gracias por haber cuidado a sus hijos, algo que sin duda fue nuestro placer y que terminamos los voluntarios siendo los compensados por el hecho que ellos confiaban en nosotros. Debo agradecer a todos los que hicieron esta experiencia algo irrepetible por darme estos recuerdos permanentes. No lo pienso dos veces: seguiré siendo voluntaria por el resto del año y por el próximo que viene.

Javiera Medina MatusColonias Urbanas: una experiencia única.
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